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‘¿Afecta tanto jugar sobre un mal green? Rotundamente, sí’, por Fernando Adarraga

El green es el corazón de todo campo. La opinión de cualquier jugador sobre algún club, sea del nivel que sea, siempre se acompaña del estado de esta importante parte del recorrido. “Un campo fantástico pero con unos greens en mal estado, una lástima” o “El campo no era gran cosa pero tenía unos greens perfectos”. En el caso de los pros, cuando aterrizamos en el club donde se compite esa semana y ves a un compañero que ya ha entrenado el recorrido, prácticamente antes de saludarle le preguntas “¿Y los greens, qué tal?”. Su respuesta es absolutamente determinante para el estado de ánimo del resto de la semana. Nada peor que competir cuatro días sufriendo unos greens en malas condiciones.

Pero, ¿por qué nos fijamos tanto en este aspecto? Sencillo. Primero, porque este juego se fundamenta en meter una bola en dieciocho hoyos haciéndola rodar por una superficie que debería ser justa para el jugador. Segundo, contando putt y approach, sobre esta área se juega más del 50 % de los golpes de una vuelta. Tercero, el golpe en el que se deciden la mayoría de los torneos es el putt del dieciocho. ¿Qué puede haber más frustrante para un jugador que realizar todo un hoyo perfecto para después fallar el birdie a metro y medio por culpa de una inconsistente rodadura y privarse así de la victoria?

Por supuesto que el diseño del recorrido y el estado de las demás partes del mismo son importantes pero, obviando el rough y los bunkers (que existen para castigar el golpe desviado del jugador), en la salida se puede utilizar un tee y en una calle deteriorada el comité de la prueba suele decidir aplicar la conocida regla de invierno. A menudo he participado en torneos en los que nos permitían acomodar la bola en calle hasta la distancia de ¡un palo! Pero, ¿qué sucede cuando el jugador se encuentra en un green invadido de algún tipo de hongo? Ajo y agua. Es injusto para los buenos pateadores depender más de la suerte que de las propias habilidades por culpa de un descuidado green.

Uno de los mayores sufrimientos que en ocasiones (más de las que desearía) me encuentro por los campos de golf es un green con colchón y/o enfermedades que restan uniformidad a la superficie del terreno. Considero que desvirtúa el juego por completo. Estos campos, que por desgracia no suelen disponer del presupuesto necesario o un adecuado asesoramiento de greenkeeping, suelen ser también los mismos que realizan el cambio de banderas una vez por semana, una auténtica aberración. El siguiente artículo lo destinaré a explicar la importancia de esta tarea.

Introduciéndonos en datos más concretos, apoyaré mi opinión sobre los estudios que aporta Dave Pelz. El Dr. Pelz es un físico que trabajó durante años con una prometedora carrera en la NASA durante la época dorada de la carrera espacial. Su gran pasión por el golf hizo que se desvincularse por completo de su trabajo para dedicarse a la investigación y desarrollo de productos y técnicas de putt. El experimento que comentamos aquí fue una revolución en su día.

En este estudio, Pelz utilizó una de sus creaciones, ‘The True Roller’, un artilugio destinado a tirar el putt perfecto. Esto quedó demostrado tras una demostración donde el aparato no defraudó consiguiendo un 100 % de acierto en más de mil putts sobre una mesa de billar, la cual dispone una superficie perfecta para la rodadura de la bola.

El estudio consistía en lanzar cien putts de tres metros y medio en cada uno de los dieciocho hoyos de tres campos distintos que disponían de tres presupuestos distintos de mantenimiento. Dado que el 90 % de los putts tienen algo de caída todos los golpes del estudio incluían una caída de tres pulgadas hacia cualquier lado.

En total fueron mil ochocientos putts lanzados en cada uno de los campos. Los datos hablan por sí solos:


 
Dado que el campo se compone de seres vivos y que sus condiciones se ven afectadas por multitud de variables resulta imposible conseguir una uniformidad del 100 % en un green por lo que es obvio que el éxito o fracaso de nuestra media de conversión de putt se vea afectada más de lo que imaginamos por el estado y salud de los greens en los que jugamos. Es de vital importancia que los clubs destinen todos los recursos que su presupuesto les permita a esta importantísima parte del campo para conseguir un juego justo y el mayor disfrute de los jugadores. Y es por ello que aprovecho también para recordar la ayuda que como usuarios debemos aportar a nuestros clubs tratando con delicadeza esta superficie viva que respira y crece.
 

Fernando Adarraga es jugador profesional de golf y alterna circuitos nacionales e internacionales en búsqueda activa de patrocinadores. Propietario de la Escuela de Golf Fer Adarraga, se dedicada activamente a la gestión y explotación de escuelas de golf junto al desarrollo, gestión y ejecución de eventos relacionados con el golf. Como él mismo declara, “Reinventándome constantemente”.