Con vaqueros en el tee de prácticas, por Alejandro Nagy

 
Hace unos días publicábamos una entrevista a Carin Koch, capitana del equipo europeo de la Ryder Cup y Embajadora de Golf de Syngenta, y uno de sus comentarios más destacados (que ya ha sido comentado por otros medios internacionales) indicaba su opinión acerca de lo estricto de la normas de vestimenta en los clubs de golf británicos. Esta grandísima jugadora no se explica por qué en Suecia no está mal visto ir un día a tu club en vaqueros y zapatillas deportivas mientras que en Reino Unido es un problema… y en España también.

En una ocasión, hace ya unos seis años, pude asistir a una reunión de representantes de clubs de golf en la que durante un par de horas se debatió sobre cómo iban las cosas en sus respectivos campos, se plantearon inquietudes y problemas, y se sugirieron soluciones. Uno de los principales problemas que se pusieron sobre la mesa fue la dificultad que encontraban a la hora de atraer nuevos jugadores a sus clubs y también de hacer que sus socios y/o jugadores permanecieran más tiempo en las instalaciones o que las visitaran con mayor frecuencia. Era 2009, la crisis en su apogeo, y los clubs de golf se encontraban en un momento complicado en el que cada socio era un tesoro, cada greenfee vendido un alivio, cada baja una tortura y cada nuevo jugador casi una quimera. Con ese clima y esa audiencia se me ocurrió plantear una idea, “¿Y si relajáis las exigencias a la hora de vestir en el club?”.

Silencio primero, murmullo después, alguna risilla vacilona, caras de todo tipo, desaprobación mayoritaria y creo que hasta una mueca de indignación al fondo de la sala. También miradas de “estás diciendo lo que yo pienso pero no me dejan decir en mi club” y un susurro de “yo quiero, pero mis socios me matarían” que me permitieron respirar un poco antes de explicarles mi punto de vista.

Soy jugador, llevo agarrando un grip desde los doce años, he jugado mucho en mi club, el Real Club de Golf de Las Palmas, y afortunadamente he podido pincharla en varios otros campos españoles y extranjeros en estos veintipico años. Y entre muchas conclusiones que he obtenido en este tiempo es que cada campo es distinto, cada zona es particular y cada país, diferente. En todos se sale a jugar al campo cumpliendo unas ciertas normas de vestimenta que respeto, pero lamentablemente en algunos casos se quiere ser más papista que el Papa y ahí llegan los errores.

Personalmente, cuando juego un torneo llevo chinos (o pantalón corto) y polo, además del resto del equipaje que necesite ese día, y si el torneo es una copa de club del Decano de España, pantalón largo siempre (la tradición no es mía, la he tomado prestada de mi hermano Jorge). Por otro lado, si sólo voy a tirar bolas al tee de prácticas o a patear un rato no tengo tan en cuenta lo que llevo puesto. Y si voy a tirar bolas al campo de Las Palmeras Golf, en plena ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, voy como esté vestido en ese momento. En este driving range ves de todo, incluso chicos tirando bolas en cholas de playa, camiseta y bañador, y nadie se escandaliza por ello. Es más, yo lo aplaudo, es la mejor demostración de que el golf se puede popularizar de verdad y hacerlo cercano. Por cierto, la academia de golf de este campo apuesta por la vestimenta deportiva al entrenar (camiseta, pantalón corto, etc.) y no considera imprescindible el polo clásico salvo para jugar en el campo. Muchos de sus alumnos acuden, pues eso, con vaqueros al tee de prácticas.

Pero ojo, que hay otra cara de la moneda nada positiva para los intereses de un club. Un ejemplo, una vez me echaron de un campo de golf porque vestía pantalones vaqueros. Se trataba de un torneo infantil de una federación regional y quería saludar a un amigo, jugador pro y entrenador de varios jugadores que se encontraban en el campo. Me encontraba de visita, sin intención de jugar, y a los dos minutos de andar por la calle del uno se me acercó un ranger y amablemente me invitó a abandonar el recorrido “porque los pantalones vaqueros no son adecuados para un campo de golf”. Tras unos minutos de incredulidad y de infructuosa discusión me di la vuelta, me acerqué a la casa club y le expuse el asunto directamente al gerente del club. Su respuesta, “es que así lo indica la Junta y no puedo hacer nada”. Triste pero cierto. Preferir despreciar a quien lleva vaqueros en un campo de golf en vez de animar a quien se acerca a las instalaciones denota poca sensibilidad, estrechez de miras y más aspectos políticamente incorrectos. ¿Están los clubs en disposición de rechazar jugadores o simpatizantes?

Otro ejemplo es el clásico “no puedo ir contigo al golf porque no tengo la ropa adecuada”, y lo he oído tanto de amigas como de amigos que nunca han pisado un club de golf pero que perciben de él más un tufillo de repulsa que un aroma de bienvenida. La opinión más extendida del “no jugador” español es que si no tienes a mano un polo o unos chinos no puedes ni acercarte al club. Creo que no soy el único que ha querido acompañar a un amigo para que conozca el club y pruebe el golf con la idea de tratar de “engancharlo” para la causa, y que desde el principio a este amigo le asaltan dudas y temores. En el golf nacional existe una consolidada barrera 100 % algodón formada tras muchos años de discutible promoción del deporte.

Lo dice Carin Koch y lo dicen unos cuantos más. No se trata de mudarnos ahora a la otra punta e ir a jugar dieciocho hoyos como si fuésemos a la playa, no es esa la idea. Me enorgullezco de practicar uno de los pocos deportes en los que es necesario vestir cuello para competir, me parece elegante y lo suscribo totalmente. Pero pretender que sea así en todo lo que tenga que ver con pegarle a la bola es como obligar a que los chicos que juegan al fútbol en el parque lo hagan con el equipaje completo del Madrid o del Barça. Un sinsentido. Estoy seguro de que relajar estas normas de vestimenta y que ir al tee de prácticas en vaqueros y camiseta no se considere una herejía acercaría el golf a la población. Y eso crearía golfistas nuevos. Y se venderían más polos.
 

Alejandro Nagy es fundador de golfindustria.es y coordinador de cgolfsostenible.
 
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