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Desde dentro de las cuerdas, por Alejandro Nagy

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Me gusta el golf. Me encanta. Es más, le dedico gran parte de mi tiempo personal y profesional. Cuando tengo la oportunidad de asistir a un torneo de nivel, ya sea amateur o profesional, trato de aprovecharlo al máximo, de abrir los ojos y esparramar la vista, de oír, ver y aprender. Por eso no podía dejar pasar la oportunidad que se presentaba al celebrarse el Campeonato de España Amateur Individual Masculino en mi club, el Real Club de Golf de Las Palmas. Tercera vez que se disputaba el torneo en las islas Canarias (después de las ediciones de 1942 y 1947 que acogió el Real Club de Golf de Tenerife) y primera vez que se jugaba en el Decano de España y, por ende, en Gran Canaria. Se presentaba una semana interesante.

Siempre he pensado que una forma muy oportuna de involucrarse en un torneo es llevando la bolsa de alguno de los jugadores, de forma que puedas ver mucho desde dentro pero sin la presión de jugarte la clasificación más allá de compartir la tensión de la jornada con tu jugador. En torneos profesionales una vez llevé la bolsa de Raúl Quirós, y en torneos amateurs la de algunos amigos y familiares, contando incluso con alguna victoria. Es una pena que en estos torneos no se promueva desde el club anfitrión o desde la federación territorial que socios del club se animen a ser caddies de los jugadores del torneo. Creo que ganaríamos todos, y seguramente los jugadores agradecerían que un local player les advirtiese de tal o cual caída escondida en los greens, de la zona de apoyo buena en algún tiro ciego o del bunker ese del fondo a la derecha que no se aprecia pero que como te coja la bola la liaste. En cualquier caso, el viernes por la tarde y tras acordarlo vía Twitter, el fin de semana me ponía por delante 36 interesantísimos hoyos con los palos de Jorge Seta Simón, conocido jugador madrileño campeón de España universitario este mismo año.

El jueves y el viernes resultaron dos jornadas de desgaste para los jugadores y de pulular sin rumbo para los espectadores. Personalmente me había comprometido con Pablo Guerrero para enviarle fotos y apuntes del torneo por lo que mis visitas al campo fueron relajadas, pero las de los jugadores fueron algo más complicadas. Al contrario de lo que todos esperábamos, los dos días se presentaron climatológicamente inestables con viento, lloviznas y algo de fresco, lo que sumado a unas cuantas posiciones de bandera imposibles (la del nueve del jueves consiguió que más de un jugador jurase en arameo) hicieron que el primer día solo se presentaran seis tarjetas bajo par y el viernes, cinco. Al parecer, alguno de los ciento veintitrés jugadores del field había comentado que el campo de Bandama era un pitch & putt asequible… cosa que las decenas de setentaymuchos y de ochentaypico que se entregaron antes del fin de semana se encargaron de refutar.

caddiebandama

El sábado amaneció más tranquilo, quizá con menos nubes pero con el mismo viento, lo que hacía prever un moving day que haría honor a su nombre. Era el día de corte (pasaban sesenta y empatados) y no se podía despistar nadie, cierto que Seta andaba en el primer cuarto de tabla y miraba más para arriba que para abajo, pero mejor no confiarse. La vuelta, compartida con el tinerfeño Eugenio Vonk y el granadino Juan Salama, fue un intercambio de birdies y bogeys que se concretaron en un luchado 71 final, par de campo, más que suficiente para asegurar el corte e incluso para ascender algunas posiciones. Las lecturas de greens y las recomendaciones puntuales ayudaron, permitiendo al jugador tener menos dudas a la hora de plantear cada golpe. Misión cumplida.

Pero lo mejor del día no fue la vuelta en sí, sino los detalles periféricos. Desde el calentamiento y las rutinas previas de los jugadores hasta los objetivos marcados en cada golpe, los resultados reales y las reacciones inmediatamente posteriores. Y el léxico empleado, propio de los jugadores de este nivel. Ese día me enteré de lo que es “hacer un satán”, y por lo visto el clubmaker del RCGLP, también. Y también constaté algo que sabe todo el mundo, que lo importante es hacer pocas, en femenino, no “golpes” en masculino, sino “pocas”, a secas. Otro ejemplo, en este caso un diálogo escuchado en la cafetería al terminar la vuelta que podría transcribirse así:

– ¿Cuántas?
– Tres
– ¿Y sumas?
– Ocho
– ¿Pasas?
– Sí
– Bien

No, no estaban jugando al mus, era el resultado de la vuelta de día y el resumen de las tres jornadas de competición. Un +3 el sábado, que sumado a los anteriores hacía un total de +8, suficiente para pasar un corte establecido en +17. Y todo, expresado en menos de diez palabras.

El recorrido del domingo, compartido el barcelonés David Morago y con el cordobés Víctor Pastor, no dio opciones a mejorar la clasificación. Si los putts no quieren entrar, si la tienda de corbatas está de oferta y las regalan, y si las banderas más que puestas están incrustadas, poco se puede hacer. Ya con todo el pescado vendido únicamente quedaba disfrutar del final del torneo, viendo acabar los últimos partidos, charlando con quienes realmente estuvieron al pie del cañón toda la semana como Adolfo Luna, conversando con los jugadores y, también, escuchando positivos comentarios e interesantes sugerencias acerca de golfindustria.es, algo que siempre es de agradecer.

El golf, al contrario del boxeo, se disfruta más desde dentro de las cuerdas. Si en próximos torneos importantes que se celebren cerca de donde te encuentres tienes la oportunidad de ser caddie, marshall, spotter o cualquier otro anglicismo que te permita estar más cerca de la acción, no te lo pienses y aprovéchala. Se aprende bastante y se ve todo de otro modo.
 

Alejandro Nagy es coordinador de cgolfsostenible y fundador de golfindustria.es.

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