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El golf nos necesita, por Jorge Bultó

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Son muchos los artículos que refieren quejas respecto al estado de la nación de nuestro golf. Cualquiera que tengamos una cierta relación profesional con este mundo conocemos campos en bancarrota, otros en clara decadencia en cuanto a mantenimiento y personal, la falta de socios o abonados, el descenso de la venta de greenfees, el stock inmovilizado de ropa y material en la pro-shop, la cantidad de hamburguesas y jarras de cerveza que no se han servido en la terraza de la casa club y las habitaciones sin ocupar en los hoteles propios o colindantes. Muchos de estos problemas vienen dados por unos años de crisis que alimentaron al monstruo de comer licencias y por unas bajadas de precios a la hora de jugar que, a buen seguro, costará remontar. Sí, creo que en líneas generales el precio del greenfee deberá remontar si deseamos unas instalaciones con un mantenimiento y servicios óptimos.

Pero esta situación no la podrá revertir la Real Federación Española de Golf (RFEG) repitiendo actuaciones pasadas para obtener los mismos resultados (la excepción que confirma la regla es el programa ‘Golf en los colegios’, que funciona decentemente en algunas territoriales), ni podremos cambiarla los jugadores sin poner de nuestra parte. El golf nos necesita. Aquellos que practicamos este bendito y puñetero deporte, queremos seguir contando con el mayor número de campos a nuestra disposición y que dichos campos tengan unos buenos greenes, un buen corte de rough, una arena que permita pasar la cabeza del palo con fluidez, unos vestuarios confortables, una web actualizada, unas redes sociales bien atendidas, un servicio de hostelería y un personal del club suficiente, preparado y atento. Pues bien, para que un club pueda ofrecer según qué productos hay que pagar un determinado precio.

Otra solución (para la mayor parte de los campos) pasa por una mayor rotación. Fabricar golfistas.

¿Cómo podría la RFEG ayudar a que hubiese más jugadores?

  • Por ejemplo, abaratando la licencia. No admito discusiones, estoy convencido de que se puede.
  • Creando una licencia de iniciación, con un coste muy inferior a la genérica y que permita salir una docena de veces al campo y disputar alguna competición. Conozco casos que salen al campo dos veces al año, lo que hace que el precio de la licencia dispare la percepción del precio del greenfee.
  • Dividiendo los pagos de la licencia en trimestres. Son varios los amigos que he iniciado en esto del golf y que no entienden que en noviembre debas pagar la totalidad de la licencia del año en curso. Obviamente, se esperan al mes de enero, pero no es menos cierto, que se les puede pasar el calentón.

¿Cómo podríamos ayudar los jugadores a la RFEG y, por tanto, a la industria del golf?

En base a la creación de un plan de incentivos para los jugadores. Ahí es donde los golfistas podemos ayudar a reflotar la industria. Al igual que si tu familiar A o tu amigo B se hacían de Canal+ gracias a tu empujoncito, tú te veías beneficiado, ¿por qué no trasladar esa promoción al golf? Introduzcamos pero sobre todo guiemos a los nuevos, porque este deporte es tan apasionante si caes de pie como frustrante si lo haces con la terminación de la espalda. El golf implica mucha técnica, conocimiento de las reglas, un saber andar por el campo y paciencia, mucha paciencia. Bastaría con que tan sólo un 5 % de jugadores (269.171 licencias a 1 de octubre de 2017) implicáramos a un par de personas para que tuviésemos 27.000 nuevos jugadores, detener la sangría y volver a la barrera de las míticas 300.000 licencias.

Considero que hay un gran margen de mejora y mucho trabajo por hacer. Tenemos la inmensa fortuna de vivir en uno de los mejores países del mundo para la práctica de nuestro deporte, pero no lo sabemos explotar. Baste recalcar la eterna comparación con un país como Suecia, cuya climatología dista mucho de envidiar la nuestra. Pues bien, los compatriotas de los componentes de ABBA nos doblan en el número de licencias con una población que no alcanza los diez millones de habitantes. ¡Y con una cantidad de campos similar a la nuestra!

Estas líneas no pretenden ir más allá de la reflexión y aporte de ideas para que el deporte que tanto me apasiona vuelva a florecer, porque que nadie se engañe, el golf (pese a quien pese) supone una inmensa fuente de riqueza y empleo para nuestro país y si todos ponemos nuestro granito de arena, saldremos de esta situación antes y mejor.
 

Jorge Bultó lleva más de veinte años en la industria del golf habiendo desarrollado su labor en empresas como El Corte Inglés, Ping España y Callaway Golf Europe. También ha organizado durante cinco años un novedoso y exitoso circuito de golf de aficionados basado en las redes sociales, el Twittour Golf.