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La crisis para el greenkeeper, por Jorge Palma

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Son varios años ya, desde 2010, en los que las licencias de golf se van reduciendo en nuestro país. Por tomar un dato, según indica la Real Federación Española de Golf más de treinta y cinco mil han desaparecido sólo desde 2014 hasta hoy. Esto, unido al incremento de impuestos, ha producido que se reduzcan considerablemente los ingresos en la mayor parte de clubs.

En esta crisis general y del sector se encuentran también los responsables de que nuestros campos estén en las mejores condiciones posibles para el juego, los greenkeepers, quienes han sufrido importantes cambios tanto en su presupuesto como en su plantilla de mantenimiento.

La reducción en el número de trabajadores, simplemente por ahorrar en gastos, evita que la calidad de la instalación pueda mantenerse al mismo nivel año tras año, ya que también cada año se incrementa el número de problemas derivado de la edad del campo, sus herramientas e infraestructuras. Los sistemas de riego, en los que cada temporada surgen mayor número de problemas, los drenajes que se van colapsando con el tiempo, las máquinas que alcanzan o rebasan sobradamente su vida útil, etc. Todo esto va en perjuicio del mayor activo de un club de golf, su campo, y por ende de los jugadores que se acercan a jugar por primera vez y a los que debería agradarles repetir experiencia. Convencer de que vuelva a un cliente descontento se antoja prácticamente imposible, sobre todo cuando tiene la posibilidad de jugar en otros campos cercanos.

En cuanto a los materiales, por poner un ejemplo, no es nada bueno cambiar el tipo de arena habitual o los fertilizantes solo por ser más económicos cuando estamos cuidando un ser vivo como el césped, al que estos cambios pueden hacerle perder salud y por tanto calidad (densidad, color, resistencia al pisoteo, etc.). La suma de ajustes en plantilla y ahorro en materiales nos pueden llevar a un serio problema de cara al cliente, como puede ser descuidar por falta de medios los trabajos necesarios de recogida de basuras, podas, reparación de chuletas, arreglo de piques, limpieza de lagos, mantenimiento de maquinaria, etc. Todo esto además se incrementa si año tras año la inversión en mejoras es mínima o nula.

En este sentido el greenkeeper también ha tenido que reinventarse para llevar el día a día de un club que exige que se mantenga la calidad, pero que en muchas ocasiones sabe que aunque trabaja doce horas diarias de lunes a domingo el campo no mejora. Son ya varios campos en España los que, a pesar de tener una extensión de más de treinta hectáreas, sólo cuentan para su mantenimiento con un greenkeeper (a veces incluso sin la formación mínima necesaria) y tan solo dos o tres jardineros.

Otro de los puntos clave es la necesidad de formación continua del greenkeeper, fundamental a tener en cuenta tanto por él mismo en su afán de mejorar profesionalmente como por el club que debe facilitar su aprendizaje. Cada año salen al mercado nuevas variedades de césped, fertilizantes o máquinas que podrían contribuir a mejorar el campo, al igual que cada temporada nos encontramos con nuevos palos de golf e incluso marcas que pueden ayudarnos a mejorar nuestro juego.

Esta crisis es de todos y con una colaboración más estrecha entre dirección, casa club, mantenimiento, tienda y restaurante, por citar algunos departamentos, puede minimizarse considerablemente su impacto en muchas instalaciones.

Jorge Palma es greenkeeper y director del Centro Español del Césped (CENEC).

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