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‘Riqueza geológica de los campos de golf’ (cgolfsostenible)

Es sabido que la ecología es la ciencia que estudia las interrelaciones entre los componentes bióticos y abióticos de un espacio, es decir, entre los elementos vivos y no vivos. En un campo de golf podemos apreciar ejemplos de biota fácilmente perceptible (árboles, arbustos, césped, pájaros, insectos, etc.) y también de elementos abióticos en los que quizá no reparamos tanto como pueden ser el suelo, la arena de los bunkers, ciertas formaciones rocosas presentes en el recorrido o los propios componentes del paisaje circundante (montañas, cerros, dunas, picos, etc.) que poseen una gran belleza y un gran valor. Afortunadamente en España contamos con diversos ejemplos de esta interesante riqueza geológica.
 

La geología (ciencia que estudia la materia física y la energía que constituyen nuestro planeta) y la geomorfología (rama de la geografía que estudia las formas del relieve de la Tierra) de una zona en la que potencialmente se puede ubicar un campo de golf son dos aspectos altamente estudiados y valorados a la hora de desarrollar un proyecto de construcción o de remodelación de un recorrido. Un subsuelo con una alta concentración de arcillas expansivas o la presencia de ciertos hitos geomorfológicos pueden dificultar o enriquecer, respectivamente, su diseño y/o construcción, la “fracción no viva” del entorno de un campo de golf lo limita en muchos aspectos.

Muchos de los campos de golf de la Península Ibérica y de los archipiélagos balear y canario poseen ciertos elementos geológicos y geomorfológicos que les confieren características particulares. Calderas volcánicas, arenales costeros, sistemas de dunas, afloramientos rocosos, afilados barrancos o imponentes macizos son algunos de los elementos que podemos encontrar en el interior o en los alrededores de los recorridos y que en muchos casos definen su estructura.
 

Arenas y volcanes

El club más antiguo de España, el Real Club de Golf de Las Palmas, se encuentra situado en medio del pico, la caldera y el campo de golf de Bandama, formando un conjunto de particular fuerza visual. La Caldera de Bandama, formada hace unos dos mil años como resultado de una gran explosión del cono volcánico del mismo nombre, presenta unos doscientos veinte metros de profundidad y unos mil metros de diámetro. Existe la posibilidad de acceder a quienes algunos llaman el “hoyo 19” a dejando atrás el chipping-green del club para luego caminar por el perímetro de la caldera y realizar un emocionante paseo.
 
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La presencia cercana de este cono volcánico (formación geológica habitual en las Islas Canarias) explica que el sustrato de la zona en donde se asienta el campo de golf sea de picón (lapilli), elemento de gran higroscopicidad que permite retener interiormente la humedad ambiental y filtrar el agua en exceso hacia el terreno inferior, al igual que evita la evaporación diurna por capilaridad. Como indica Pelayo Guerra, greenkeeper del Real Club de Golf de Las Palmas, “la granulometría del picón es muy gruesa y nunca se compacta, aunque debido a ello el campo necesita un aporte hídrico alto ya que su capacidad de retención es muy baja. Esto tiene también una lectura positiva, una vez cayeron ciento ochenta litros por metro cuadrado durante la noche y al día siguiente se pudo jugar perfectamente. Su uso no está recomendado para greens, en donde se dispone de un sustrato arenoso más adecuado, pero sí en el resto del campo”.

Otro campo canario que presenta unas condiciones particulares es el de Costa Teguise Golf, en Lanzarote. Su recorrido su encuentra ubicado en medio de una antigua colada volcánica por lo que la superficie que rodea al área de juego, los bunkers, la cancha de prácticas y alguna otra zona más, están compuestas por este oscuro picón, lo que le confiere un aspecto singular al mostrar una combinación poco habitual de dieciochos hoyos en verde y negro. Por otro lado, en diferentes puntos del campo se pueden apreciar enormes ejemplares de roca volcánica testigos de la explosiva formación de la isla millones de años atrás.

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Volviendo a la isla de Gran Canaria encontramos el Campo de Golf de Maspalomas, cuyo recorrido se caracteriza por encontrarse delimitado al sur por la formación arenosa de las dunas de Maspalomas. El delta generado al abrigo de la terraza alta pleistocena ubicada al sur de la isla ha generado a lo largo de los últimos miles de años una sólida base constituida por depósitos sedimentarios eólicos, aluviales, lacustres y marinos que han dado lugar al actual el sistema dunar de la Playa de Maspalomas. El campo de golf se encuentra, por tanto, situado sobre un sustrato arenoso marino que le obliga a desarrollar ciertas operaciones de mantenimiento del tapiz verde de juego además de otorgarle un particular escenario cuasi desértico en algunos de sus rincones.

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Ya en la costa norte de la península ibérica se encuentra otro ejemplo de campo de golf flanqueado por un sistema dunar, el recorrido del Real Golf Club de Zarauz. El entorno arenoso del campo está constituido tanto por sistemas dunares estabilizados como por sistemas dunares móviles, conformando un área de notable importancia geológica y biológica asociado a otros ambientes cercanos como costas rocosas, acantilados, marismas y estuarios. El área del sistema dunar se encuentra en el extremo oriental de la playa, muy próximo al recorrido de nueve hoyos, con la consecuente interrupción por parte del campo de la dinámica geológica natural (impidiendo, por ejemplo, que supere los aproximadamente trece metros de altura media). Las dunas se ubican paralelas a la línea de costa y los habituales vientos del norte se encargan de aportar los materiales necesarios.

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Mike Wood, diseñador de campos de golf y miembro de Golf Environment Organization (GEO), ha estudiado durante años la relación entre los campos de golf y los sistemas dunares costeros en los links escoceses. Según él, tanto los diseñadores de campos como los greenkeepers deben estudiar y valorar la presencia de estos sistemas para poder desarrollar sus actividades de la mejor manera posible sin perjudicar a estas móviles y morfológicamente variables formaciones geológicas. Las dunas arenosas, tanto las amarillas jóvenes como las grises viejas, no pueden ser gestionadas con elementos sólidos (hormigones y similares) sino realizando actividades sostenibles como, por ejemplo, descargar de arena las zonas en las que se haya acumulado recargando a su vez aquellas que hayan sufrido pérdidas de material. Si las actividades de mantenimiento se mantienen con este enfoque, la supervivencia de estos particulares elementos será más que plausible.
 

Rocas de interior

En zonas interiores de la Península Ibérica se pueden encontrar campos de golf en los que se pueden observar variados elementos testigos de los movimientos orogénicos hercinianos y de los plegamientos alpinos responsables de la formación del relieve durante la Era Primaria y la Era Terciaria, respectivamente, además de ciertas rocas aparecidas durante la Era Secundaria y de los procesos erosivos ocurridos durante la Era Cuaternaria. Un ejemplo de estas rocas de la Iberia caliza formadas durante el Mesozoico serían las margas que se encuentran al pie de los Pirineos y que presentan unos magníficos representantes en el campo de Margas Golf, en especial en su espectacular hoyo dos en pleno corazón de estas particulares rocas.

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Los afloramientos de margas suelen gozar de un significativo nivel de protección como su pudo ver durante el Campeonato de España de Profesionales de 2007 celebrado en este campos oscense. Las áreas en donde se encuentran estas rocas gris-azuladas se señalaron con estacas rojas y amarillas como si de un obstáculo de agua se tratara y se prohibió a los jugadores, bajo pena de descalificación, entrar en el recinto y pisar las margas. Esta anécdota, que quizá pudo disgustar a algún pro, es un claro ejemplo de la importancia que tienen ciertos elementos geológicos presentes en los campos de golf españoles y de su necesidad de conocerlos mejor, respetarlos siempre y, en ocasiones, protegerlos.

Ya en la Iberia silícea, la zona geológicamente más antigua de la península, el Real Club de Golf de La Herrería da la oportunidad de observar algunos de los impresionantes berrocales graníticos de la Sierra de Guadarrama. El recorrido se encuentra establecido en una zona caracterizada por la presencia de estos materiales, dotando al suelo creado en la zona de unas condiciones particulares en cuanto a acidez y capacidad de retención de agua que influye en la planificación de las labores de mantenimiento. Varios otros campos de golf ubicados en Castilla-León o Galicia presentan condiciones geológicas similares, contando con la presencia de granitos y gneis que definen muchos de sus hoyos.

Curiosidades y protección

Algunos otros campos españoles presentan otras particularidades geológicas, como la roca-dragón del recorrido de Santa Marina Golf en San Vicente de la Barquera… aunque una de las más curiosas la podemos encontrar fuera de nuestro país, concretamente en el Fossil Trace Club de Golf de Denver (Colorado, EEUU). Este recorrido se encuentra a los pies de la montaña Lookout y recibe su nombre de las fósiles que pueden observarse por el campo, como las huellas de triceratops y las hojas de palmera que se encuentran en unas areniscas cercanas al green del doce. Millones de años después de la extinción de los dinosaurios, la zona fue explotada como mina de arcilla antes de convertirse en un campo de golf en 2003, dejando constancia de la presencia de estos animales gracias a sus fósiles.

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Las características y peculiaridades geológicas de cada uno de los campos de golf existentes y en proyecto, aún cuando quizá no sean tan llamativas o publicitadas como las florísticas o faunísticas, deberían valorarse como el importante aspecto del patrimonio natural del campo que es. La próxima vez que vayas a realizar una actividad habitual en tu campo, desarrollar un proyecto en uno nuevo o simplemente te detengas un momento a preparar un golpe, quizá te des cuenta que esa roca en la que te estás fijando es algo más que una roca, es un elemento muy valioso que ayuda en la definición particular del recorrido que pisas.

Alejandro Nagy es coordinador de cgolfsostenible y fundador de golfindustria.es.