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‘Diez intensos meses de prácticas con el equipo de mantenimiento del Real Club Valderrama’, por Ricardo Barón

Mis primeros pasos por un campo de golf los dí de la mano de José Ramón Abarca en el Real Club de Golf Vistahermosa, en el Puerto de Santa María, por medio de unas prácticas universitarias. Por otro lado, gracias a una visita que hicimos al Real Club Valderrama pude realizar las prácticas del máster de Gestión de Campos de Golf de EADE. Desde un principio sabía lo que quería hacer con mi futuro, aunque realmente no tenía idea de cómo adentrarme en este mundo tan apasionante. Gracias a estas prácticas hoy me sigo formando para poder conseguir mi meta.

Hace ya un año que comencé mis prácticas en el sanroqueño Real Club Valderrama por mediación del máster cursado a la misma vez en EADE. Antes de tomar la decisión (cosa que no me costó mucho) pregunté a varios conocidos cómo era Valderrama, si habían estado alguna vez, qué torneos se habían disputado, etc., y todos me decían lo mismo: “¡Es el mejor campo de España, no pierdas esa oportunidad!”. Y estaban en lo cierto, ¡qué campazo! No podía rechazar tal oportunidad y finalmente pude formar parte del equipo de mantenimiento durante un año.

La primera sensación que tuve nada más entrar por la puerta de mantenimiento fue de miedo. No sabía cómo me iban a tratar en un campo de tantísimo nivel, pensaba que me iba a estar todo el año rastrillo en mano… pero no. No he sido el primero en realizar prácticas ni seré el último, toda la plantilla ya sabía que me tenían que enseñar y así hicieron. Desde los más veteranos hasta los más jóvenes, todos son unos grandes profesionales que me acogieron como a uno más. Y, aunque es cierto que mi primera semana se centró en rastrillar bunkers, algo que era de esperar, pronto me dieron la oportunidad de realizar todas las labores de mantenimiento del campo corto (segar greens, tees y rough, rastrillar bunkers, perfilar, recebar, etc.).
 

 
Llegué el 1 de octubre de 2017 con el Andalucía Valderrama Master a las puertas tras varios años sin celebrarse. Fue un mes increíble donde aprendí que cada detalle cuenta. Todo era igual de importante, desde el corte de los greens hasta la más mínima rama que pudiera aparecer en una calle o hasta una simple chuleta sin reparar. Fue un mes de preparación donde plantilla y voluntarios se esforzaron al máximo dándolo todo para tener el campo en las mejores condiciones. Para mi era todo nuevo, se trataba de un torneo de grandes dimensiones que exigía el 100 % de cada uno, desde el head greenkeeper hasta el último voluntario. Fue una gran experiencia donde pude conocer un buen número de profesionales del sector a quienes también les apasiona.

Ver a tantos voluntarios que utilizaban sus días de vacaciones para participar en la preparación del torneo me hizo pensar, una vez más, que estaba en el camino correcto. Eso era lo quería y no un trabajo cualquiera. ¿Quién en su sano juicio se va de vacaciones a trabajar? Solo a quienes nos apasiona nuestro trabajo, solo a quienes cuidamos el césped día a día. Me di cuenta de que el greenkeeping no es solo un trabajo, es una manera de vivir, una pasión.

El campo, como siempre, estuvo a la altura. Los días previos al torneo llovió bastante pero cayeran los litros que cayeran los greens seguían igual de rápidos.
 

 
Pasado el torneo, y adentrándonos ya en el invierno, tuve la suerte de toparme con la reforma de los nueve últimos hoyos en la que se remodelaron greens, entradas y caminos así como se aprovechó para resembrar la festuca del rough y hacer algún que otro arreglo de drenajes.

Las labores de mantenimiento de los primeros nueve hoyos no se pararon y el campo continuó abierto al juego para los socios. Durante los tres meses que duró la reforma tuve la oportunidad de trabajar algunos días en la construcción de los greens, toda una ciencia que incluye desde realizar la caja hasta colocar el tepe y cortarlo. Se deben cumplir una serie de importantísimas etapas para poder obtener los greens que hoy en día luce Valderrama.

Aunque se pasa mucho frío cortando calles por la mañana, el invierno que pasamos no fue del todo frío. Es verdad que el mantenimiento en invierno siempre es algo menos intenso, pero en Valderrama se trabaja con la misma intensidad para tener el campo siempre con calidad de campeonato. Y aunque el color puede no ser el mismo, la jugabilidad del campo siempre es de diez. Se realizan menos cortes ya que no hay casi crecimiento pero eso da la oportunidad de aprovechar para realizar algunas reformas pequeñas, aprovechar para podar árboles, cuadrar tees, limpiar vaguadas, arreglar bunkers, establecer nuevos drenajes en zonas húmedas, etc. El invierno en Valderrama da para mucho ya que en un campo de estas características cada detalle cuenta.

Junto a mi compañero de fatigas Paco Fustel, también en prácticas, tuve la oportunidad de poder gestionar el mantenimiento del campo corto (un pitch & putt de nueve hoyos) en donde ejecutamos todas las tareas que requería: siega de greens, anillos, tees y rough, reparación de piques, verticut, pinchado, recebo, recorte de perfiles de caminos y bunkers, control de malas hierbas, enfermedades y plagas, etc. Todo lo que se desempeñaba en el campo lo intentábamos realizar en este pequeño campo de golf con la ayuda de Adolfo Ramos, head greenkeeeper del Real Club Valderrama, y Juan Antonio Guerrero, greenkeeper, para poder tenerlo lo más presentable posible.
 

 
Es verdad que hay días de flaqueza (somos humanos y no podemos evitarlo) en los que te preguntas: “He terminado una ingeniería, ¿qué hago rastrillando bunkers?”. Tampoco ayudaba que mis compañeros de la escuela técnica me dijeran que estaba loco por meterme en este mundo tan complicado y siendo ‘un simple peón’. Pero era levantar la mirada de la arena rastrillada, ver los diferentes tonos de verde, las diferentes alturas, ver esos grandes chaparros y oler esa hierba recién cortada y recordar por qué estaba ahí. Tenía que empezar desde lo más básico, lo más bajo posible, para aprenderlo todo y en un futuro poder transmitirlo para así llegar a conseguir mi sueño. Está claro que para llegar a ser un gran greenkeeper primero tienes que saber cómo se trabaja y se desempeña cada función en el campo.

Resulta muy complicado describir todo un año en Valderrama donde desde el principio me acogieron como a uno más, donde he tenido la suerte de aprender de dos grandísimos greenkeepers como son Adolfo Ramos y Juan Antonio Guerrero así como de toda una plantilla que día a día se deja la piel por su trabajo.

Gracias a las prácticas en el Real Club Valderrama hoy puedo escribir estas líneas desde Estados Unidos ya que me sigo formando realizando el programa de Ohio State University en el campo de golf Quail Hollow Club, campo del PGA Tour situado en Carolina del Norte.

Desde aquí agradecer a todo el equipo de mantenimiento, en especial a Adolfo Ramos y Juan Antonio Guerrero, por este gran año que he intentado exprimir al máximo y que me ha aportado muchísimas cosas tanto profesional como personalmente. Gracias a Javier Reviriego, director general del Real Club Valderrama, y también a todos los socios del club, si no fuera por ellos no habría posibilidad alguna de realizar este tipo de prácticas. Gracias por dejarme disfrutar de este campo con vosotros.

Si pudiera elegir de nuevo, sin duda alguna elegiría repetir.
 

Ricardo Barón es ingeniero agrónomo por la Universidad de Sevilla y actualmente forma parte del programa de formación de superintendents de Ohio State University en Quail Hollow Club (Carolina del Norte, EEUU).