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‘Agroecosistemas y golf’, por Antonio David Cansinos Bajo (Ingenieros por naturaleza)

Los agroecosistemas son ocupaciones territoriales con un desarrollo eco sistemático propio, capaz de contribuir al conjunto del ecosistema circundante, en los que se considera al Hombre como especie incluida, generalmente con un papel modificador. Así, los agroecosistemas ya descritos son las grandes zonas de cultivo, pero también entornos rurales y urbanos. Todos ellos tienen origen en la transformación del paisaje, la anatomía y la fisiología de los elementos que lo componen (suelos, aire, vegetales, animales, aguas, etc.), por lo que, hasta su aceptación social, son considerados agresiones ambientales.

El acebuche, nombre común del olivo salvaje, es cortejo natural de la encina, principal en su ecosistema. El establecimiento del olivar es el fruto de la eliminación, no solo de la encina, sino también del resto del monte hasta la máxima potenciación del cultivo del olivo. Del tamaño del fruto del acebuche al del olivo, en algunas especies hoy desarrolladas, puede haber hasta un multiplicador de ocho a diez veces o más, lo que provocó que algunas especies del género Sylvia sp. (currucas) no pudieran alimentarse: abrían el pico para tragar (su manera común de ingerir alimento) y no alcanzaban las dimensiones del nuevo fruto; sin embargo, algunos de los ejemplares nacidos piquituertos conseguían rasgar la aceituna grande y alimentarse de ella, lo que aportó biodiversidad en lo que es uno de los ejemplos más actuales de la evolución de Darwin en la Península Ibérica.

Hoy por hoy, el olivar es considerado un espacio agro-eco sistemático de gran importancia y las propias organizaciones ecologistas lideran o coordinan proyectos que estudian y difunden su biodiversidad. Es el caso de SEO Birdlife, coordinadora del proyecto LIFE ‘Olivares vivos’ cuyo desarrollo ha permitido que el profesor Gabriel Blanca et al., de la Universidad de Granada, hayan descrito en 2018 una nueva especie botánica desconocida hasta el momento muy recientemente, Linaria qartobensis G., que viene a complementar la gran biodiversidad propia del olivar complementaria también con su ecosistema natural circundante. Se cita, además, el olivar como albergue de especies catalogadas en ‘peligro de extinción’ (avutarda o milano real, en Andalucía) y otras prácticamente desaparecidas de la Península (Aphaenogaster gemella R., hormiga casi únicamente descrita en Baleares).
 

 
El viñedo, otro gran ocupador de territorio, configura un nuevo conjunto de agroecosistemas, cada uno diferenciado, con su carácter y aportes naturales propios. Siguiendo el camino de los olivares, se han desarrollado ya estudios y proyectos como ‘Proyecto biodiversidad en los viñedos’, promovido por la Fundación Global Nature. De nuevo la eliminación del espacio natural para aprovechamientos diseñados por el hombre da como resultado el albergue de determinadas especies y supone una significativa adaptación natural del ecosistema circundante, cada uno en sus condiciones, con éxito. Especies arbustivas, arbóreas, herbáceas, pero también artrópodos (insectos, arañas, ácaros, etc.), reptiles, mamíferos y, por supuesto aves, están presentes en la gran biodiversidad que aportan estos espacios. Las estrellas aquí pueden ser jilgueros, mochuelos, salamandras, mariquitas, crisopas o majuelos.

Un campo de golf no presenta diferencias de desarrollo en origen ni historia con los agroecosistemas citados cuando su instalación supone una regresión territorial desde el punto de vista ambiental, lo que se da en la minoría de los casos. Sin embargo, sí es diferente en origen cuando supone una progresión en la ordenación territorial: aquellos campos de golf instalados sobre escombreras, vertederos, terrenos en abandono o como frontera o límite de grandes infraestructuras (carreteras, ferrocarriles, puentes, etc.). Los campos de golf, por aspectos derivados de su propio uso, funcionan como filtros ambientales para la calidad del aire e incluso como filtros verdes para la calidad de las aguas que pudieran alcanzar niveles subterráneos notables cuando se gestiona convenientemente.
 

 
Golforest® define el agroecosistema de cada campo de golf, redactando y editando un libro Natura en el que se recoge el papel ambiental del mismo, sus contribuciones a la biodiversidad (propia y circundante) y los trabajos de integración ambiental llevados a cabo, no sin esfuerzo, por los greenkeepers, ya no poco reconocidos, sino poco conocidos. El campo de golf es, ante todo, un campo y así debe ser estudiado y gestionado. Una vez definido como agroecosistema se conocerá, en cada caso, su estado climácico, potencial, actual y de partida. Se detecta indicadores de calidad ambiental y se trabaja con ellos hacia una evolución integrada, basada en estudios técnicos y toma de datos continua.

Golforest® de Ingenieros por naturaleza no es solo un proyecto ambiental, se gestiona con el principio fundamental de mejora continua Kaizen (en el entorno de LEAN Management) y se dirige hacia los 17 ODS de la Agenda Europea 2030.

Desde finales de los años ochenta del siglo XX y hasta comienzos de la segunda década de este siglo XXI la sociedad, a la que los jugadores y socios de campos de golf no es ajena, demandaba empresas e instituciones preocupadas por el medio ambiente y, más específicamente, por el cambio climático; en la actualidad y el futuro se exige ya que tales organismos se ocupen de estos aspectos, fundamentales para el Golf como actividad integrada en el medio natural. La asociación de un campo con Golforest® transmite directamente tal ocupación y garantiza, en el periodo de aplicación, un seguimiento y progreso del agroecosistema hacia su situación climácica, de máximo aporte al ecosistema global.

Golforest® aporta distinción a cada campo; sin embargo, su labor más importante es la desarrollada para el conjunto del sector del golf, el proyecto se ha diseñado para su máxima difusión por los campos que están ya ocupados en su propia naturaleza y quieren definir su agroecosistema para cuidarlo y contribuir a su progreso, dándolo a conocer. Cuantos más campos estén convencidos mayor será la integración ambiental del golf y sus campos, donde se desarrolla el deporte, llegarán a tener la consideración ecológica que tienen ahora olivares, viñedos, etcétera.
 

Antonio David Cansinos Bajo es director y fundador de Ingenieros por naturaleza.