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‘Análisis y alegaciones a la propuesta de Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo relativo al uso sostenible de los productos fitosanitarios desde el punto de vista de los campos de golf como instalaciones agrosistémicas’, por Antonio D. Cansinos Bajo (Ingenieros por naturaleza)

En la ordenación del territorio, a menudo, el espacio ocupado por los campos de golf urbanos y periurbanos se corresponde con zonas que, en cualquier caso, son reconocidas por la propia propuesta como foco de concentración de plaguicidas que se utilizan principalmente en la agricultura, pero también en la silvicultura y las zonas urbanas verdes, así como a lo largo de las redes de transporte como las carreteras y los ferrocarriles.

En estos entornos, los campos de golf configuran un filtro de ruidos y de calidad del aire, además de una evidente mejora del paisaje y una compensación térmica e higrométrica con efectos positivos sobre la climatología local. En este sentido, su potencial desaparición (amenaza real a juzgar por la escalada de exigencias legales sobre el uso de plaguicidas) sería contraproducente, perjudicial dado el carácter imprescindible de las citadas infraestructuras y que su espacio circundante requiere mantenerse libre de plagas.
 

 
A diferencia de estas redes de transporte, los equipos de gestión de los campos de golf cuentan con profesionales agrarios expertos y dedicados cada día al mantenimiento de la instalación que han demostrado una capacidad de adaptación al medio natural muy importante en los últimos años, con un crecimiento de la integración ambiental basado en el estudio y aplicación de alternativas a los plaguicidas clásicos. Las tendencias actuales orientan los campos de golf hacia su gestión integrada como agroecosistema, lo que incluye su identificación inequívoca, así como su misión hacia las soluciones basadas en la Naturaleza.

Las investigaciones y avances que se están produciendo en los campos de golf los convierten en un aliado para la evolución en positivo hasta la sustitución casi total de los plaguicidas clásicos por los tratamientos biológicos por balance agroecosistémico con el control requerido de inventarios de flora, fauna, hongos y bacterias. Cada uno de los éxitos alcanzados en los campos de golf significan la liberación de plaguicidas de su entorno, como mínimo, en idéntica proporción.
 

 
De acuerdo con esta realidad, los campos de golf, lejos de jugar un papel de área sensible, reúnen la verdadera esperanza y el más alto potencial para la investigación, el I+D+i y la aplicación, con experimentación propia, de alternativas biológicas de la que se beneficiarán no solo las tramas logísticas de referencia sino que serán extensibles a parques y jardines urbanos, coadyuvando, entre otros rendimientos directos, al fomento y protección de la flora y el arbolado urbano, obligado por ley, responsabilidad de los ayuntamientos que carecen de los equipos humanos y del potencial económico para el desarrollo de las investigaciones y el esmero que se registra en los campos de golf.

La relación entre los campos de golf y los parques y jardines, en este sentido, permite una exitosa analogía entre la Fórmula 1 y los vehículos del día a día.

Aunque en determinados entornos los provechos sociales del golf son otros (albergue de especies, cortafuegos, mejoras y adaptaciones edáficas, incluso habitación de sumideros de CO2 en casos que se tienen bien estudiado y así justificados, etc.) y tal vez se requiera algún giro en su gestión general (nada diferente a muchos otros servicios), en los entornos aquí tratados ponerlos en peligro por incluirlos, sin excepcionalidad ni estudios específicos, en el grupo de áreas sensibles es un error irreparable que no hará más que retrasar la adaptación de cualquier otro agroecosistema al empleo de alternativas a fitosanitarios y biocidas tradicionales.

A todos los efectos respondería a una visión peligrosamente cortoplacista. Se trata de Naturaleza y la adaptación e integración humana al medio y eso tiene su propio ritmo, aunque siempre debe valorarse el progreso continuo como están haciendo las instalaciones deportivas protagonistas
de esta alegación.
 

Antonio David Cansinos Bajo es director y fundador de Ingenieros por naturaleza.
 

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