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‘Así condicionó el COVID-19 el Gran Canaria Lopesan Open del European Tour de 2021’, por Alejandro Nagy

Cuando a finales del pasado febrero la web del European Tour confirmaba oficialmente algo que algunos ya sabíamos, que el Tour desembarcaría en Gran Canaria diecinueve años después de celebrar el Open de España de 2002 en El Cortijo Club de Campo, varias preguntas se agolpaban en mi mente. ¿Cómo se desarrollaría un torneo de este calibre en plena época de pandemia? ¿Hasta que punto condicionaría el virus el desarrollo del evento? ¿Cómo sería la famosa “burbuja del torneo”? ¿Permitirían la presencia de público? Y teniendo en cuenta tanto los datos como las noticias sanitarias que se publicaban cada día… ¿llegaría a celebrarse?

Aposté por la positividad, por que sí se celebraría (tanto el torneo en Gran Canaria, todavía sin denominación oficial ni sede confirmada, como el torneo en Tenerife, igualmente sin más datos) y me puse manos a la obra para conseguir lo más importante: estar dentro de las cuerdas. Tras varias consultas, un aspecto quedó claro: como no dejarían pasar al público en general ni los organizadores locales tendrían la capacidad de invitar a asistentes (dos puntos condicionados por el COVID ya que la reducción de aforos y el control de los asistentes eran elementos clave del evento), la única forma de poder estar presente era como voluntario, como miembro del staff del Tour o como prensa acreditada.

La primera opción, aún cuando guardo un maravilloso recuerdo de adolescente cuando participé en el Turespaña Masters de 1995 y de 1997 celebrados en Maspalomas Golf como voluntario y spotter para la televisión británica, la descarté porque no me permitiría moverme por el campo con la libertad necesaria para observar detalles. La segunda se caía por su propio peso ya que dudaba mucho que en el European Tour surgiera una milagrosa vacante en pocas semanas. La tercera era la que más sentido tenía, acudir como parte del grupo de prensa que cubrirían el torneo. Ya teníamos algo claro así que la primera meta estaba marcada.
 

 
Al solicitar al Tour información acerca de la acreditación de prensa, nuevamente el “condicionamiento COVID” aparecía en escena. La prensa acreditada solo podría acudir al campo de miércoles a domingo, debía acreditar una PCR negativa en las setenta y dos horas previas a la llegada al torneo, debía realizarse otra PCR in situ el día de llegada y aguardar el negativo para poder “entrar en la burbuja”, debía permanecer obligatoriamente dentro de la “burbuja” pernoctando en el mismo hotel que el staff del Tour, debía realizar un cuestionario de salud diario antes de llegar al campo, debía… debía de comprometerse a tanto que otra cosa quedaba muy clara: en el European Tour no se toman a broma la seguridad de sus integrantes. Confiado en cumplir con todo lo exigido, esperé a que se abriera el plazo de las solicitudes de acreditaciones a principios de abril.

Durante esas semanas de espera se fueron sucediendo los acontecimientos. Primero, la designación de Lopesan Meloneras Golf como sede del torneo. Después, su denominación oficial como ‘Gran Canaria Lopesan Open’. Más tarde, la confirmación de la participación del posiblemente mejor jugador profesional de golf de la historia de Canarias, Rafa Cabrera Bello, así como su papel de anfitrión del evento. Igualmente se iban conociendo otros detalles de la organización del torneo, algunos de ellos también condicionados por el COVID, como fueron la designación de dos hoteles oficiales para alojar a los integrantes de la “burbuja”: el Lopesan Baobab Resort para jugadores y caddies, y el Lopesan Villa del Conde Resort para enviados de prensa y staff del European Tour.

Realizada la solicitud en los primeros días de abril, afortunadamente fue aprobada en pocas horas y tuve margen para preparar el torneo que se celebraría de 22 al 25 de abril.
 

 
La prueba PCR que me realizaron el lunes 19 a primera hora en el Hospital Perpetuo Socorro, uno de los colaboradores de la organización del Gran Canaria Lopesan Open, resultó negativa, habilitándome para presentarme temprano el miércoles 21 en la puerta de Meloneras Golf… para someterme a una segunda PCR de confirmación antes de entrar en la “burbuja” del torneo. Tras confirmar el negativo, pude cambiar la cinta de mi acreditación de color ámbar a otra de color amarillo (la más codiciada junto a la de color fucsia) y encontrarme formalmente autorizado para pulular por prácticamente todas las dependencias de torneo.

Ese mismo día se celebró un escaso pro-am en el que diecisiete profesionales y un puñado de amateurs pudieron comprobar el estado de los greens del recorrido que posteriormente acogería el torneo. La popular prueba tuvo que ser recortada para adaptarse a la “circunstancia COVID”: pocos jugadores, distancia social durante el juego, nada de compartir buggy y mascarilla al terminar el último green. Ni rastro de los multitudinarios pro-am de antaño ni de la fiesta posterior al juego, únicamente una sencilla jornada deportiva.

Hablando de buggies… nada más dar unos pasos en el campo pude veer in situ uno de los más caractarísiticos de los útimos meses en el European Tour, el buggy del ‘COVID officer’, un simpático miembro del staff del circuito cuya misión es casi exclusivamente velar porque las normas de prevención sanitaria se cumplan escrupulosamente durante el evento. Más de una vez en los cinco días del evento pude escuchar ‘Wear your mask, please’, un aviso de que algo no estaba cómo debía estar 😷
 

 
La presencia de las precauciones anti-COVID era palpable en todo momento. Aunque ya había visto alguna señal de ‘No olvides llevar puesta tu mascarilla’, nada más llegar a las zonas de prácticas te dabas de bruces con uno de los recordatorios de la situación de pandemia, un tótem de gel hidroalcohólico rodeado de recordatorios e indicaciones de qué se debía hacer mientras estuvieras inside the ropes: taparte con el codo si tosías, estar separado de las demás personas al menos dos metros, no compartir palos o bolas con otros jugadores, nada de chocar los puños o los codos, etc.

Y, ojo, todo ello bajo el supuesto de que a todos los presentes nos habían realizado una prueba PCR cuyo resultado había sido negativo.
 

 
Las precauciones del putting green se extendían al driving range ya que las bolas de prácticas (a elegir entre Titleist ProV1, Titleist ProV1X y Callaway Chrome Soft X) seguían un proceso de recogida, recolección, separación, limpieza, desinfección, aclarado, secado y exposición que garantizaba que el pro que las usara nuevamente tendría la garantía de que era material biológicamente estéril.

De este proceso, así como el de limpieza y desinfección tanto de los buggies como de otros elementos de uso por parte de jugadores, caddies, staff del Tour, organización del evento y voluntarios del torneo, se encargaba el eficiente personal de Lopesan Meloneras Golf, todos ellos perfectamente reconocibles por su uniforme total black, mascarilla incluida y guantes también cuando era necesario.
 

 
Además de lo evidente en el campo, el COVID también ha alterado otros aspectos del normal desarrollo de los eventos del European Tour. Las historias y anécdotas escuchadas sobre el terreno de Meloneras Golf darían para muchas líneas, desde miembros del staff a quienes enviaron de vuelta a casa nada más pisar un torneo ya que un contacto de la otra mitad de su ‘buddy group’ había tenido un posible contacto con un posible contagiado, hasta una PCR negativa que obligaba a reorganizar funciones y actividades de los chicos de las oficinas.

“Treinta y pico PCR me han hecho desde que empezamos la temporada, todas negativas afortunadamente, pero que le dejan a uno un poco harto. A eso súmale el infinito papeleo, el material de protección con el que debes viajar, las complicaciones con las conexiones de vuelos (ahora hay menos vuelos directos), la duda si cancelarán o no un evento, los cambios en la programación del mes actual y/o el siguiente… En general, el COVID ha acarreado unos cambios en la dinámica del circuito que nos afectan negativamente a todos. Pero, al menos, no se ha detenido y seguimos celebrando torneos por Europa”, indica un miembro del staff del European Tour con un gesto entre el cansancio y la resignación.
 

 
Sin embargo, no todas las experiencias son negativas. Para unos cuantos, la aparición del COVID-19 ha supuesto una inesperada oportunidad profesional, ya sea por la posibilidad de acoger más torneos de alto nivel (finalmente en la isla de Tenerife se realizarán dos eventos consecutivos del Tour, lo que se ha dado en llamar el ‘Canary Islands Swing 2021’) o la ocasión de trabajar con los mejores de Europa en su especialidad.

“Las circunstancias complicaron la presencia de los habituales ‘clubfitters’ del circuito así como de la mayoría de los enviados de cada fabricante que velan por el buen estado de los palos de los ‘pros’. De hecho, únicamente Callaway y Taylor Made desplazaron a un especialista de la marca. La organización del torneo contactó conmigo para colaborar con aquellos jugadores que necesitaran algún ‘toque’ en sus herramientas de trabajo y, durante esta semana, he tenido abierto un taller provisional al final del ‘driving range’ para todo aquel que precisara un ajuste fuera cual fuera su marca. Ha sido una experiencia impresionante, inolvidable, un hito en mi carrera. Estoy muy agradecido por la confianza recibida por los organizadores del evento y, sobre todo, por la confianza depositada por todos los jugadores que han dejado que les ajustase su equipo”, indica Rubén Boldu, responsable de Salobre Golf Performance Center y Profesional Club Fitter.

“El equipo de voluntarios estuvo compuesto por cincuenta y cinco miembros, de ellos siete tuvimos que hacernos una prueba PCR ya que éramos los que íbamos a estar en contacto más cercano con los jugadores, caddies y ‘staff’ del Tour controlando puntos de cruce, ‘starter’ en el pro-am, estar en permamente movimiento por todas las instalaciones, tener acceso a todas ellas, etc. Por otro lado, todos los voluntarios atendíamos al test ‘on line’ de síntomas cada mañana, nos aplicábamos gel hidroalcohólico, manteníamos distancia entre nosotros y demás acciones encaminadas a minimizar riesgos. También destacar que para los ‘transfer’ de jugadores, espacialmente en el hoyo 14 del recorrido, empleábamos el doble de buggies que lo habitual para minimizar todo lo posible el contacto entre personas ya que uno se desplazaban el jugador y su caddie y en otro dos voluntarios para atenderles y traer de vuelta el vehículo”, apunta Josepe Núñez, socio de Golf & Events, quien hizo las labores de chief marshall durante el torneo.

Igualmente, el equipo de mantenimiento de Lopesan Meloneras Golf, junto a los miembros de la plantilla de mantenimiento del Real Club de Golf de Las Palmas que acudieron como refuerzo durante la semana de competición, tuvieron la oportunidad de trabajar codo con codo con el equipo de agrónomos del European Tour. El trabajo de preparación del campo desarrollado por el head greenkeeper Juan Artiles y su equipo durante los tres frenéticos meses anteriores tuvo el reconocimiento de jugadores, caddies y staff, una oportunidad profesional que de no haber mediado el COVID quizá no hubiera tenido lugar hasta dentro de algunos años.
 

 
El Gran Canaria Lopesan Open de 2021 ya es historia y todo apunta a que puede ser la primera de varias ediciones de este evento del European Tour en Gran Canaria, un anhelo que mantienen muchos en las islas afortunadas por la alta promoción turística que supone la celebración del torneo. Se estima que unos trescientos millones de hogares tuvieron el torneo en la pantalla de su televisor y pudieron observar las bondades que ofrecía la zona del sur de Gran Canaria.

Si el Tour vuelve el año que viene, muchos le recibirán con los brazos abiertos… y, esperemos, sin necesidad de mascarilla.
 

Alejandro Nagy es fundador de golfindustria.es.