A punto de cumplir su quincuagésimo aniversario, Riversa se consolida como una empresa referente en el suministro de maquinaria y soluciones para el mantenimiento profesional del césped en toda España.
Bajo la dirección de Sandro Lara, segunda generación al frente de la empresa, Riversa ha diversificado sus áreas de negocio y ha apostado por la innovación tecnológica, enfocándose en la conectividad, la electrificación y la automatización de sus equipos.
Hemos charlado con Sandro y nos ha compartido su visión sobre el futuro del sector, la importancia de la sostenibilidad y cómo Riversa planea seguir siendo un aliado estratégico para los campos de golf españoles.

En 2026 cumpliréis cincuenta años como empresa, ¿cómo ha evolucionado Riversa hasta convertirse en un referente en el sector del golf en España?
Riversa nace en 1976, al inicio de la transición. Este periodo, para muchas empresas y para nosotros, supuso un fuelle que nos permitió desarrollarnos y prosperar en paralelo a la evolución del país.
Riversa se creó centrada en la instalación de sistemas de riego, aprovechando un nicho de mercado fruto del auge del turismo en la zona. Aunque importábamos y distribuíamos productos de Toro desde que empezamos, no fue hasta el año 1979 cuando firmamos el contrato de exclusividad con Toro, lo que supuso un cambio total del modelo de negocio. Desde entonces hemos crecido, somos más de un centenar de empleados, hemos consolidado el modelo y diversificado nuestros mercados.
En la actualidad, procuro liderar una empresa familiar con una clara vocación de continuidad y con el firme compromiso de seguir creciendo y desarrollándonos de manera sostenible.
Actualmente, ¿qué porcentaje del volumen de negocio de Riversa representa el sector del golf y cómo ha cambiado esta cifra en los últimos años?
La división de golf es uno de los ejes principales de Riversa. Este mercado supone en torno a un 35-40 % de nuestro negocio. Esta cifra se mantiene estable con el paso del tiempo y, aunque pueda parecer elevada, hemos de tener en cuenta que incluye la suma de maquinaria, riego y buggies.

La industria del golf se dirige hacia la conectividad, la electrificación y la automatización. ¿Cómo se están implementando estas tendencias en los productos y servicios que ofrecen a los campos de golf? ¿Cómo apoya Riversa a los clubs en este proceso?
La conectividad, la electrificación y la automatización forman parte de nuestra apuesta desde hace años. La tecnología va avanzando y su implementación también. Pero, como todo cambio, precisa de tiempo y adaptación, sobre todo cuando se trata de cambio de hábitos y de cómo desempeñamos nuestras tareas.
Atendiendo a lo anterior, la electrificación es, probablemente, lo que más ha avanzado en este tiempo. Las marcas tienen ya electrificadas un porcentaje muy alto de las soluciones que pueden formar parte de un parque de maquinaria habitual.
Respecto a la conectividad, cada vez son más los sensores que se pueden colocar en maquinaria o bajo suelo para reportar datos a los greenkeepers para que así tomen decisiones precisas. El siguiente paso será ofrecer una solución que recopile esos datos y que sugiera las tareas a realizar, basándose en la información real obtenida y en los parámetros predefinidos en cada espacio.
Sobre la automatización de equipos existentes y la implementación de robots también se ven grandes progresos. Precisamente, hace unas semanas hicimos la primera presentación de una serie de convocatorias junto a Toro de la tecnología GEOLINK que permite automatizar labores de siega y fumigación.
La sostenibilidad ambiental es una preocupación creciente. ¿Qué soluciones ofrece Riversa para ayudar a los campos de golf a reducir su huella ecológica?
Riversa cuenta con un portfolio muy completo de productos que ayudan a reducir el impacto ambiental. Avanzar y mejorar en materia de sostenibilidad será el resultado de apostar por la conectividad, la electrificación y la automatización, o dicho de otra manera, será lo que nos permita optimizar el uso del agua y reducir emisiones de CO₂.

Riversa ha trabajado con campos de renombre como el Real Club Valderrama y Finca Cortesín. ¿Qué aprendizajes han obtenido de estas colaboraciones y cómo se aplican a otros proyectos?
Tanto el Real Club Valderrama como Finca Cortesín son dos ejemplos de campos de golf de máxima excelencia y referentes en el mantenimiento de sus recorridos. Para Riversa, trabajar con ellos es un reto constante y una gran motivación estar a la altura de sus necesidades, lo que implica estar siempre inmersos en procesos de mejora continua.
Ahora bien, es importante precisar que trabajamos con todo tipo de campos. En proyectos con recursos más limitados el desafío es mayor y no escatimamos en esfuerzo ni creatividad para que salgan adelante.
Con la introducción de nuevas tecnologías, ¿qué programas de formación ofrece Riversa para asegurar que los greenkeepers y el personal de mantenimiento estén actualizados?
La formación es básica para poder sacar lo máximo de los avances que ofrece la tecnología. Todo va tan rápido que no entendemos la formación como un curso sino como un entrenamiento continuo. No podemos dejar de entrenarnos, de seguir aprendiendo y de ser capaces de adaptar nuestros hábitos a los nuevos procesos.

Desde tu perspectiva, ¿cuáles son los principales desafíos que enfrentan actualmente los campos de golf en España y cómo puede Riversa ayudar a superarlos?
Entre otros, la gestión del agua, el personal, la experiencia, la competencia, nuevas regulaciones… raro es que no salgan nuevos retos cada año a los que tengamos que enfrentarnos.
Es por ello que Riversa intenta ser un aliado del campo. Intentamos entender los problemas y ver de qué forma podemos aportar valor para resolverlos. Queremos que el cliente sienta que su problema nos importa, que es nuestro problema y que, de una forma u otra, estamos trabajando con ellos… aunque a veces no logremos el objetivo deseado.
¿Cómo ves el futuro del mantenimiento de campos de golf en los próximos cinco a diez años?
Mi visión personal, más como Sandro Lara que como CEO de Riversa, se acerca a la siguiente fotografía: al llegar a un campo pronto por la mañana, a eso de las ocho de la mañana, nos acercamos al hoyo 1 y divisamos una máquina autónoma terminando la siega del 18. No muy lejos, en el rough del 9, veríamos a un robot ‘tortuga’ segando esa zona, mientras un robot rastrilla los bunkers y un operario termina de segar el green de ese 18.
Resumiendo, veo riego, robots y maquinaria autónoma 100 % integradas y controladas desde un ordenador central, todas perfectamente coordinadas en sus tareas y ventanas de trabajo. Ese central no parará de recibir información de sensores fijos y sensores instalados en las distintas máquinas.
Diría que vamos hacia ese futuro… y tal vez sea necesario reforzar las plantillas con algún experto en telecomunicaciones y equipos de jardinería más especializados en supervisar las tareas de los robots.
En cualquier caso, esta es una visión personal que no sé si se corresponderá con lo que verdaderamente será el futuro. Pero, en todos los escenarios que se presentan, visualizo a Riversa en él.
¿Qué recomendaciones darías a los directores de clubs y greenkeepers para prepararse ante los cambios tecnológicos y ambientales que se avecinan en el sector?
Paciencia, tranquilidad, disposición al cambio y estar abiertos a nuevos hábitos de trabajo así como entender que testar, implementar y estabilizar forma parte de un proceso.










