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‘Beneficios ambientales y sociales de los campos de golf’, por Javier Fuentes

La superficie de campos de golf en España ronda las veinte mil hectáreas en la actualidad, producto de los más de trescientos cincuenta campos existentes. Pero, ¿se han planteado alguna vez cuánta agua y cuántos productos químicos son empleados para mantener ese color verde? Incluso se podría pensar que los campos de golf no pueden ser buenos para el medio ambiente.

Bien, a partir de ahora borren los anteriores planteamientos y pasen a considerar a los campos de golf como espacios ecológicamente y socialmente beneficiosos. Según palabras de Mark J. Woodward, presidente de la Asociación Americana de Greenkeepers (GCSAA), «Creo que cada vez más, la población reconoce el valor de campos de golf bien mantenidos. Estas instalaciones no sólo ofrecen actividades recreativas, sino que proporcionan un santuario medioambiental para numerosas especies vegetales y animales. Creo que la mayoría de la gente no es consciente del efecto purificador del campo de golf sobre el aire y el agua, actuando como un gran filtro local».

La anterior afirmación es completamente cierta, pues los campos de golf proveen a las localidades próximas de un pulmón verde que, además de ofrecer posibilidades lúdicas y deportivas, producen una cantidad importante de oxígeno, actuando de filtro purificador de contaminantes presentes en el aire y agua, a la par que lucha contra el incremento de las temperaturas, alcanzándose una cifra de siete grados menos menos que sobre una misma superficie sin cultivar, y hasta diez grados menos que una superficie asfaltada.

Las gramíneas (o césped, comúnmente hablando) son las especies vegetales mayoritariamente empleadas en los campos de golf. A pesar de que existen zonas de mantenimiento intensivo dentro del mismo (green, tee y fairway), más del 70 % de la superficie del campo de golf se pueden considerar como «ecosistemas naturalizados», tales como lagos, zonas boscosas y rough. Estas áreas ofrecen un rico hábitat para árboles, arbustos, flores, aves, peces y fauna salvaje (liebre y zorros, principalmente). Desgraciadamente este valor no se reconoce fácilmente o a veces es menospreciado por la sociedad actual (se podría decir que incluso es políticamente incorrecto). Si los campos de golf cercanos a núcleos urbanos no existieran, como por ejemplo Palomarejos Golf y Talavera de la Reina, es más que probable que la superficie que actualmente ocupan estuviera dedicada para uso urbano residencial o industrial, o incluso fuese un solar improductivo.

Los principales beneficios de un campo de golf derivados del uso de las gramíneas, árboles, arbustos, flores y zonas silvestres se pueden resumir en los siguientes puntos:

  • Erosión y pérdida de suelo. Las gramíneas son las plantas tapizantes cuya proporción ventajosa «coste/duración» es más elevada. Se convierte en la opción más económica para combatir la erosión del suelo causada por el agua de lluvia y el viento, protegiendo ese bien tan preciado que es el suelo fértil. De hecho, existen estudios que demuestran que la pérdida de suelo fértil en una zona de césped es un 75 % inferior a la de un suelo desnudo.
  • Captación de agua, recarga de acuíferos y control de escorrentías. Una cubierta de césped, normalmente posee una densidad de tallos de entre setenta y cinco millones veinte mil millones por hectárea. Esta densa capa de vegetación actúa eficazmente captando el agua de lluvia y reteniendo toda clase de sólidos disueltos en la misma (especialmente productos químicos). Si imaginamos una superficie desnuda o con poca vegetación, es fácil imaginar la cantidad de escorrentía que se produce bajo condiciones de lluvia intensa, arrastrando todos los productos químicos y materia orgánica, con la consecuente contaminación de los posibles acuíferos existente. Es, por tanto, una cualidad importantísima la de las cubiertas cespitosas como trampa de sustancias «no deseadas» antes de su filtración por el terreno.
  • Almacenamiento del CO2. Cualquier ecosistema basado primordialmente en gramíneas posee como característica fundamental sus altos niveles de materia orgánica en el suelo, comparado con cualquier otro tipo de ecosistema (ya sea agrícola o forestal). De hecho, una gran proporción de los suelos más fértiles del planeta se han formado bajo cubiertas de césped. ¿Y por qué poseen los céspedes esta característica? Pues bien, las gramíneas tienen un sistema radicular extenso y muy fibroso, por lo que la descomposición del mismo incrementa en gran valor la presencia de materia orgánica del suelo donde se halle. Así que es innegable la función de las gramíneas en el almacenamiento del dióxido de carbono vía materia orgánica del suelo. Este almacenamiento de CO2 también ayuda a regenerar suelos improductivos por el ya mencionado aporte de materia orgánica.
  • Eliminación de sustancias químicas y pesticidas. Ya hemos comentado la beneficiosa característica del sistema radicular de las gramíneas, el cual se está continuamente regenerando. Esta constante descomposición ayuda a que exista una diversa y amplia microfauna y microflora en el suelo. Si comparamos con superficies agrícolas, el suelo bajo una cubierta de césped posee un 172 % más, y un 35 % más de microflora y microfauna que un bosque, por ejemplo. Todas estas mediciones están basada sobre suelos no regados, así que es fácil imaginar cómo aumentan dichas poblaciones sobre cubiertas cespitosas con riego, como los campos de golf. Esta diversidad microscópica es la encargada de la degradación y eliminación sustancias químicas y pesticidas presentes en el suelo, con el consecuente beneficio sobre los acuíferos de la misma zona.
  • Reducción de la temperatura ambiente. El proceso de respiración de las gramíneas tiene un efecto de «refrescamiento» sobre la zona adyacente. Ese robo de calor al ambiente para realizar su proceso transpirativo puede conllevar reducciones de temperatura de hasta casi 1 ºC con respecto a zonas con suelos sin césped (agrícola o urbana). Es un hecho que, a mayor superficie verde, menor será la isla de calor de nuestras ciudades.
  • Reducción del ruido y los deslumbramientos. Se puede apreciar notablemente la capacidad tamponadora de los céspedes en cuanto a ruido y luz. Sin ir muy lejos, una estrecha franja de césped en cualquier carretera puede reducir el nivel sonoro del tráfico hasta en un 40 % y actuar favorablemente contra los deslumbramientos causados por la luz del sol y los vehículos.
  • Reducción de plagas animales y niveles de polen. Se ha demostrado que una superficie de césped que rodee una zona urbanizada reduce considerablemente el hábitat de aquellas especies animales consideradas como plagas (ratas, ratones) e incluso insectos molestos tales como mosquitos, pulgas y garrapatas. A su vez, la alta densidad de una superficie cespitosa impide la germinación de las plantas dicotiledóneas causantes de pólenes alérgicos.
  • Reducción del peligro de incendios forestales. El hecho de disponer de una amplia zona cespitosa, bien mantenida y correctamente irrigada, actúa como una barrera eficaz contra posibles incendios forestales que pudieran amenazar a zonas urbanas adyacentes. En sí, actuaría como una faja de protección y seguridad en aquellas zonas como la nuestra, que sufren de una marcada sequía estival.
  • Espacio protegido para la flora y fauna silvestre. Puesto que prácticamente el 65 % de los campos de golf están compuestos por praderas de césped, zonas arboladas y espacios acuáticos, se pueden encontrar una amplia gama de especies silvestres (flora y fauna) que encuentran en dichas zonas un lugar idóneo para vivir y criar. De hecho, según ciertos estudios, se ha comprobado que los campos de golf adyacentes a zonas urbanas actúan como santuario ecológico de muchas especies de aves, las cuales no encuentran refugio idóneo en las ciudades o campos sembrados.
  • Beneficios recreativos para la sociedad. Es indudable el beneficio recreativo de los campos de golf pues ofrecen una superficie al aire libre, además del resto de instalaciones, que mejoran ostensiblemente la práctica del ejercicio.
  • Beneficios ornamentales. Sería complicado medir cuantitativamente los beneficios estéticos que proporcionan los ecosistemas ofrecidos por un campo de golf. Praderas de gramíneas, zonas boscosas y arbustivas, lagos, riachuelos, zonas de xerojardinería, etc., son básicas en la conjunción urbanística de las ciudades actuales. Este limpio, fresco y ambientalmente sostenible espacio que representa un campo de golf, se convierte en un valor que incremente nuestra calidad de vida urbana.

Referencias:

  • BEARD, J.B. and GREEN, R.L. 199o. Turfgrass and Golf Course benefits – A scientific assessment. USGA Green Section Record
  • United States Golf Association. 2oo7. Golf Courses Benefit People and wildlife. USGA Green Section Record
  • KENNA, M.P. 1994. Beyond appearance and playability: Golf and environment. USGA Green Section Record
  • PARKES,M.1996. Golf courses benefit the environment. Parks and Recreation
  • BEARD, J.B, 1998. Turf Management for golf courses. John Wiley & Sons, Inc.

Javier Fuentes es Ingeniero Superior de Montes y experto en gestión de césped deportivo por la University of Georgia, y lleva más de doce años dedicado al mantenimiento de campos de golf. Tras participar en proyectos como La Reserva de Sotogrande, Almenara Golf, The Belfry Golf Resort o el Grupo EULEN, se incorporó a Palomarejos Golf como Head Greenkeeper en 2005. Puedes contactar con él a través de la web de Palomarejos Golf.

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