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‘¿Brotes verdes?’, por Alejandro Nagy

En las últimas semanas en golfindustria.es nos hemos hecho eco de diversas noticias acerca de la reciente apertura o el planeamiento de proyectos de golf en diversas zonas del territorio español, desde Andalucía hasta Cantabria, desde Galicia hasta el Levante. Por otro lado hemos podido dar, en primicia, la noticia de la reapertura de Arcos Golf (antes Arcos Gardens) en Arcos de la Frontera, Cádiz. ¿Significa esto que las cosas están cambiando, que la industria del golf en España está saliendo de la crisis?

Creo que estemos ante un tímido primer paso, tal vez demasiado pronto para ser ilusionante, pero mejor una suave brisa que la desesperante calma chicha. Sí merece la pena repasar estos nuevos desarrollos de golf publicados en los medios de comunicación: un campo municipal de golf en León, un sencillo campo de golf en Ceuta, una escuela municipal de golf en Ciudad Real, un centro de prácticas de golf en Sevilla, una escuela pública de golf en Almería, un campo de golf federativo en Madrid o un resort de golf en Murcia. El perfil más repetido en estos proyectos es el de instalación deportiva no asociada a desarrollo inmobiliario, es decir, instalación deportiva creada para posibilitar la práctica del deporte del golf. Parece una perogrullada pero es de agradecer que se planteen proyectos en los que se priorice la práctica del golf en lugar de la venta de chalets, en los que se dé más importancia al tee del cinco que al piso piloto.

Durante los últimos treinta años el desarrollo del golf en nuestro país se cimentó precisamente en eso, en cemento, en lugar de en hierba y arena. Prácticamente no se construyeron instalaciones “de perfil bajo”, por ejemplo, un campo de golf de menos de treinta hectáreas con una sencilla casa club para atender a los jugadores y poco más. En otros países, especialmente los anglosajones, han desarrollado multitud de campos de estas características y la experiencia indica que conviven sin problemas con célebres recorridos de grandes presupuestos. Tienen claro que para disfrutar una tarde de golf “de diario” hay muchas opciones: campos grandes, medianos y pequeños, resorts y munis, clubs y courses.

Por otro lado merece la pena destacar que detrás de un buen número de estos proyectos se encuentran organismos públicos (Ayuntamientos, Juntas, Federaciones) que parece que apuestan por posibilitar el acercamiento de nuestro deporte al mayor número posible de ciudadanos, algo que también es de agradecer. Los campos y las canchas municipales, sean de la extensión que sean, son una efectiva e infrautilizada herramienta de promoción real del golf, especialmente porque hacen viable que cualquiera pueda dar un primer paso en el golf. No son resorts de gama alta ni pretenden serlo, son instalaciones que bien planeadas, bien construidas y bien gestionadas pueden ser la yesca que haga prender la llama del golf en España. Si muchos quedan para ir a jugar al pádel, o a coger olas, a echar un partido de fútbol, o a hacer unos kilómetros en bici porque les resulta accesible, ¿porqué no quedar para ir a tirar bolas o a hacer nueve hoyos a un coste razonable?
 

Alejandro Nagy es coordinador de cgolfsostenible y fundador de golfindustria.es.

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