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‘Consideraciones técnicas en el diseño de un campo de golf para evitar la caída de bolas en zonas colindantes residenciales’, por José Manuel Durán Andrés

En la mayoría de las ocasiones un proyecto de construcción de un campo de golf va ligado a una promoción urbanística residencial u hotelera. El motivo es que el campo de golf le da un atractivo adicional y un valor añadido evidente a la promoción residencial. El hecho de disponer de campo de golf atraerá potenciales compradores o visitantes a la promoción inmobiliaria tanto nacionales como extranjeros. Pero en el diseño del recorrido del campo y su integración con el área residencial, o a la inversa, el diseñador debe evitar que ambas áreas puedan presentar problemas o conflictos mutuos de intereses. Ni el área residencial por su disposición debe dificultar el normal uso y disfrute del campo, ni el campo debe suponer un peligro o inconveniente para los residentes derivado de la salida de bolas de límites que puedan caer en la zona residencial.

El diseñador debe tener en consideración este aspecto desde el inicio del proyecto, a fin de evitar tener que tomar medidas de protección unos años más tarde, después de que la experiencia demuestre que no se analizó en profundidad este aspecto en su momento, o incluso tener que dirimir estos conflictos en los tribunales de justicia.

Lo ideal, y es nuestra recomendación desde Target Ingenieros y Asociados, es poder contar con un Master Plan o Plan Director que contemple el área destinada a campo de golf desde el inicio, y que implique al promotor inmobiliario, diseño técnico del campo y los condicionantes de la legislación y administración local, de cara a buscar un equilibrio y compatibilidad entre la zona residencial edificable y el campo de golf.

Esto en la mayoría de las ocasiones no sucede y será el campo el que tendrá que adaptarse a la zona residencial y no a la inversa, ya que probablemente la zona edificable de la finca donde se va a desarrollar el proyecto completo, venga definida por un Plan de Actuación Urbanística o un Plan General de Ordenación Urbana. Por ello es aún más importante que el diseñador tenga muy presente este aspecto desde el inicio del proyecto.
 
Análisis del riesgo de caída de bolas: alcance y precisión en el golpe

Hoyo a hoyo, el diseñador debe valorar el riesgo de caída de bolas fuera de límites hacia las áreas residenciales o de tránsito de personas (calles o carreteras), ya que estas salidas pueden suponer un accidente grave para las personas o daños en infraestructuras. Hay que tener en cuenta que la velocidad media de salida de una bola de golf dependiendo del nivel del jugador, puede ir desde los 25-30 m/s en un jugador amateur, hasta cerca de 50 m/s para un jugador profesional (según datos de la USGA) e incluso se han registrado en torneos de la PGA velocidades significativamente superiores. Aunque la bola debido al rozamiento pierde velocidad, su velocidad de caída será cercana a la de salida, lo que convierte a una bola de golf de aproximadamente 43 gramos, en un auténtico proyectil que representa un riesgo real para la integridad física de las personas e instalaciones.

La USGA, en sus periódicas publicaciones de su “Course Rating System” para la valoración del slope de un campo, facilita datos precisos que pueden ayudar al diseñador a identificar las zonas de mayor riesgo de salida de límites y caída de bolas en zonas aledañas con riesgo para las personas.

Lo primero que establece la “Course Rating System”, es el alcance medio de la bola en función del nivel del jugador (clasifica cuatro tipos de jugadores; el scratch masculino y femenino y el bogey masculino y femenino), y el golpe de que se trate, tee de salida, segundo o tercer golpe. Estos son los golpes que en principio mayor riesgo tienen, ya que en los approach finales al green es más difícil un riesgo de salida de límites con peligro para las personas.

El siguiente paso a considerar es la precisión del jugador, que también analiza en función de la tipología y nivel de este, estableciendo un área esperada para el aterrizaje de la bola. Esta área nos da un ancho y un fondo de forma más o menos elíptica cuya área en metros cuadrados es menor lógicamente en jugadores scratch (son más precisos) que en los jugadores bogey. Un aspecto muy importante de este análisis de precisión de la USGA, es que dicha área representa donde cae la bola, dos de cada tres golpes, es decir hay un tercer golpe que no entra dentro de dicha área de precisión y que se desviará fuera de ella. Este tercer golpe que se espera desviado o impreciso es el que debe preocupar más al diseñador.
 

 
Análisis del riesgo de caída de bolas: desviación máxima sin incurrir en riesgo

Con estos datos el diseñador ya puede estimar en el hoyo diseñado y en función de los tees de salida, donde se espera aterrice la bola en un golpe preciso, y donde y cuanto puede desviarse sin causar problemas en un golpe impreciso. Con el ancho y fondo del área de caída, podemos calcular la desviación en grados hacia la derecha o izquierda esperables, y la variabilidad que puede haber en el alcance (unos metros más corto o más largo) del punto en principio objetivo donde el jugador pretende colocar la bola.

Esta desviación máxima en grados o alcance (dentro de los márgenes de seguridad para evitar caídas fuera de límites) hay que ser generosos a la hora de estimarla, ya que a la propia desviación en grados con respecto al eje de tiro objetivo, hay que añadir las desviaciones propias de los defectos más comunes en el swing. Nos estamos refiriendo al slice, hook, pull o push y sus combinaciones, y que pueden perfectamente ser cuantificadas gracias a los estudios y modelos por ordenador que han tratado diferentes autores. Sirva como ejemplo que el efecto de un golpe con slice supone en un jugador diestro una desviación a la derecha de aproximadamente un 10 % en un golpe de doscientas yardas, es decir unas veinte yardas a la derecha (1 yarda = 0.9144 m).

El margen de “desviación máxima posible” sin incurrir en caídas de bolas en zona de riesgo, nos dará una idea de la peligrosidad de la situación. Es decir, márgenes muy estrechos en grados de desviación posible, implicará un elevado riesgo de caída fuera de límites y al contrario en el caso de que dispongamos de márgenes de desviación grandes medidos en grados sexagesimales.
 
Análisis del riesgo de caída de bolas: medidas preventivas

Es muy posible, que a pesar de todas las consideraciones anteriores el diseñador se encuentre limitado por el espacio disponible y la proximidad del área residencial, y no pueda en su diseño tomar los márgenes de seguridad oportunos o deseables. En ese caso solo queda tomar medidas preventivas de protección de las zonas de riesgo. La más común es la colocación de redes de protección anti caídas.

Para la disposición de una red anti caídas, deberemos identificar primero su ubicación ideal para evitar o minimizar el riesgo, su longitud y altura. Los dos primeros puntos, se desprenden del análisis de la desviación máxima de riesgo posible que se expuso en el apartado anterior, y la altura mínima de la red se establecerá analizando el comportamiento de vuelo de la bola en su trayectoria hasta caer en la zona de riesgo. La altura buscada se dará en un punto intermedio al impactar la bola con una hipotética estructura vertical de protección.

Para este análisis, también podemos basarnos en los datos de la USGA, que analiza el alcance y altura hipotéticos de la bola, según el palo empleado. También podría utilizarse la teoría del tiro parabólico, que aunque en el caso del golpe de golf no es un tiro parabólico perfecto ya que existe rozamiento, podría darnos la coordenada de altura en un punto dado de la parábola, conociendo la velocidad y ángulo de salida, y la distancia horizontal al punto de impacto en la red. Al emplear la teoría del tiro parabólico perfecto, la altura de impacto será algo superior a la real, lo que permitirá incluso tomar un mayor margen de seguridad.
 

 
Considerando diferentes palos y puntos de salida posibles, podemos calcular las diferentes alturas de impacto en la zona a proteger, y tomaremos como medida la altura mayor encontrada dentro de la casuística analizada. Será muy recomendable aplicar a esta altura máxima encontrada, un coeficiente de ponderación positivo que incremente el margen de seguridad. También se deberá considerar las medidas estándar normales para este tipo de infraestructuras de protección, para ajustarlas a nuestra altura de seguridad deseada.

Otras medidas preventivas puede ser la disposición de arbolado de desarrollo vertical importante (chopos, álamos, cipreses) en los frentes de las zonas de riesgo y servir de pantalla ante la salida de bolas de límites. Esta medida que debe ser considerada durante el diseño del campo para que su porte en altura sea el adecuado cuando el campo entre en juego, puede perfectamente combinarse con la instalación de una red de protección como medida adicional.

También el diseñador tiene en su mano la posibilidad de reducir o evitar situaciones de riesgo sirviéndose para ello de la disposición de los obstáculos de juego o hazards, de forma que obliguen al jugador a separar su juego de las zonas de riesgo. Por ejemplo, si se ha de disponer una trampa de agua o bunker en una zona que pueda entrar en conflicto con un área residencial a altura similar de calle, si situamos el obstáculo justo frente a la zona conflictiva, estaremos forzando al jugador a separarse de dicha zona con lo que reduciremos el riesgo de caídas. También en zonas conflictivas se deberán evitar desniveles pronunciados, ya que el comportamiento de la bola varía en alcance en función de si el golpe es hacia un terreno más elevado o contra una pendiente hacia abajo. En zonas colindantes con áreas residenciales, serán preferibles hoyos rectos, que en forma de dog leg y, por supuesto, evitar los hoyos ciegos.
 

José Manuel Durán Andrés es Ingeniero Agrónomo y director técnico de Target Ingenieros y Asociados.