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“De cara a gestionar la reapertura de los campos de golf la limpieza es fundamental así como dejar el ‘hoyo diecinueve’ para otro momento” – Antonio Zapatero, presidente de la Federación de Asociaciones Científico Médicas de España y director médico del hospital de campaña de IFEMA

Casi setenta directores de campos de golf siguieron con atención la entrevista-coloquio ‘Gestionar con éxito la urgencia, el riesgo y la incertidumbre’ que la Asociación Española de Gerentes de Golf llevó a cabo ayer martes con el doctor Antonio Zapatero, presidente de la Federación de Asociaciones Científico Médicas de España y director médico del hospital de campaña instalado en el reciento ferial de IFEMA en Madrid durante estas últimas semanas debido a la pandemia generado por el coronavirus COVID-19.

“Todo se sacó adelante porque cuando llegamos a IFEMA, el día 21 de marzo, nos dimos cuenta de que esto era algo que había que hacer porque había que hacerlo, y que no te puedes poner pegas porque tienes que tener la solución en muy poco tiempo. Estructuramos el equipo de forma transversal con un peso muy grande en la dirección médica, como suele suceder en los hospitales. Éramos unos mil trescientos profesionales médicos, pero también ha sido muy importante el apoyo de IFEMA, que es el segundo núcleo de ingresos para la Comunidad de Madrid, y del ejército. Teníamos a la Unidad Militar de Emergencias y una unidad de la Brigada Paracaidista. Ese fue nuestro personal de apoyo para montar los módulos y las camas, todo perfectamente encadenado”.

“Desarrollamos una formación específica para los médicos de atención primaria y también para los que desconocíamos el manejo del coronavirus; en el equipo directivo todos teníamos experiencia en la gestión. Manteníamos reuniones de coordinación todos los días, en las que compartíamos la experiencia de tratar con una enfermedad que, según aprendimos, se comportaba de manera distinta en según qué situaciones”.

“Hubo que recurrir a sistemas poco convencionales. El riesgo de quedarse sin suministros era muy grande, como estaba sucediendo en otros hospitales en Madrid y en el resto de España. Y en muchos casos, más que protocolos, utilizamos con éxito el sentido común. Cada uno era responsable de su parcela, pero estábamos comunicados permanentemente a través de un grupo de Whatsapp que resultó ser muy efectivo para comunicar incidencias y transmitir instrucciones. Estábamos gestionando una crisis. Más que delegar había que hacer lo que había que hacer. Si necesitábamos algo no había plazos de compra: se buscaba donde quiera que estuviera”.
 

 
“Tuvimos que improvisar, sí, pero sobre todo aplicar el sentido común. La estructura física del hospital, que nos vino dada por la forma de los pabellones, nos obligó a ordenar a los pacientes en grupos de cincuenta. Y pronto descubrimos que, entre ellos, a medida que podían, paseaban, conversaban, utilizaban una biblioteca que les creamos; y estamos convencidos de que esa convivencia fue clave para su evolución positiva, al no estar tan limitados socialmente a ese entorno que se fomenta hoy en día, de habitaciones individuales o dobles”.

“Mi primer trabajo, al terminar la carrera, fue enfrentarme a las consecuencias del envenenamiento por aceite de colza, y en los años ochenta toda la profesión médica tuvo que lidiar con el riesgo del SIDA. No voy a decir que no tuviésemos miedo, pero por encima de eso está la necesidad de hacer bien nuestro trabajo, porque es nuestro oficio, y había que hacerlo así”.

“Hay margen para los errores y de hecho nos hemos equivocado en algunas cosas, fundamentalmente en el tema de recursos humanos por la gran cantidad de personas de entornos distintos que hemos agrupado. Pero han sido errores de índole organizativa, no asistencial y, lo más importante, hemos dejado escrito cada uno de ellos para evitar repetirlos en el futuro”.

“De cara a gestionar la reapertura de los campos de golf la limpieza es fundamental. No hacen falta mascarillas jugando al golf si vas a estar separado al menos dos metros de los demás pero sí lavarte mucho las manos con soluciones alcohólicas y tener gel a disposición de la gente por todas partes en el club. Lo peor de la pandemia ha pasado, pero no podremos utilizar vestuarios ni restaurantes hasta que casi no se produzcan casos clínicos de ingresos hospitalarios. Lavarte las manos antes de jugar, no tocar los palos ni ningún material de los demás, y marcharte a casa nada más terminar de jugar. Dejar la vida social y la cerveza para otro momento. En esas condiciones creo que es muy bueno que la gente juegue al golf desde el punto de vista psicológico y humano”.