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‘El forzado homenaje a Ballesteros con el Campo Municipal de Golf Mataleñas’, por Gonzalo Alonso Sánchez

La pasada semana se llevó a pleno municipal del Ayuntamiento de Santander la propuesta de cambiar el nombre del campo municipal de golf de Mataleñas por Severiano Ballesteros.

Evidentemente, todos sabemos quién era Severiano Ballesteros y qué significó en el mundo del golf a nivel internacional. En Cantabria se ha debatido siempre mucho sobre si su figura se valora de forma merecida en nuestras fronteras nacionales y si lo hace, especialmente, en la que fue su tierra, Cantabria.

Su trascendencia internacional y el respeto a su figura es incuestionable. En el Reino Unido, Estados Unidos y Asia, Severiano Ballesteros puso a su pequeña Pedreña (y con ello, a Santander y Cantabria) en el mapa. Como cántabro puedo asegurar que en mis visitas a Escocia, Irlanda e Inglaterra algunos de los lugareños hacían referencia al jugador de Pedreña en cuanto les decías que eras de Santander o Cantabria.

La última prueba de su impacto en nuestro deporte la hemos tenido en la pasada Ryder Cup, donde se desplegó una imagen gigante del venerado y difunto Seve en las gradas.
 

 
Una vez dados estos leves retazos de la figura del talentoso golfista español, cualquiera, incluso aquellos que no son de la industria del golf, pueden entender o alcanzar a comprender la trascendencia de la figura de Ballesteros.

Ahora vamos con la segunda parte de la ecuación, Mataleñas. El campo de golf municipal de la localidad de Santander (de la que Seve no era originario) es un campo de nueve hoyos, con unas impresionantes vistas marítimas. Es un recorrido con mucho tránsito, puesto que en la capital de Cantabria reside el mayor porcentaje de jugadores con licencia de la región.

Sin embargo, salvo por sus espectaculares vistas y su alto nivel de ocupación con jugadores locales, es un campo que no destaca por ningún otro parámetro. No entrará nunca en la lista de los mejores campos del mundo, ni de España, ni es siquiera de los tres campos más destacados de Cantabria, puesto que, cuando se realizó el proyecto, tampoco era lo que se buscaba, sino que la finalidad de su existencia era servir como instalación municipal que pretendía dar servicio a los santanderinos y promocionar el golf entre la población general. Cometido que cumplió y cumple a la perfección.
 

 
Con todo esto sobre la mesa, creo que podemos hacernos ya la siguiente pregunta: ponerle el nombre de Severiano Ballesteros al campo de golf de Mataleñas, ¿es un homenaje a la altura de la figura del astro de Pedreña?

Dado que esta es una reflexión personal y no general (sería imposible hacerla de tal modo), déjenme decirles que no.

Primero, porque Severiano hizo varios campos en España que llevan la firma de su diseño y marca personal y que son, además, fácilmente reconocibles para los jugadores de golf. Para más inri, uno de ellos está en la propia Cantabria, Santa Marina. Este campo de golf tiene una estatua de gran tamaño junto a su casa club que sirve como homenaje al golfista y diseñador del recorrido.

Segundo, porque Mataleñas no tiene el atractivo y la reputación (a nivel golfístico) suficiente para ser un digno homenaje a uno de los mejores golfistas de la historia. No se disputan pruebas importantes a nivel regional, nacional o internacional en la instalación porque no cumple con los requisitos mínimos para ello (insisto en que no es su finalidad tampoco).
 

 
Tercero, porque su saturación, su naturaleza municipal y su estructura de nueve hoyos iban a impedir a jugadores internacionales poder disfrutar de jugar en el campo Severiano Ballesteros y vivir una experiencia digna de la memoria del jugador.

Cuarto, porque Santander no fue la cuna de Ballesteros, ni a nivel vital ni a nivel golfístico.

Quinto, porque Mataleñas fue el primer campo público de España y el artífice de trasladar el golf a la población general fue Manuel Terán (quien quizás sí se merecería este homenaje).
 

 
Por lo tanto, creo que no es de recibo que Mataleñas pase a denominarse ‘Campo Municipal Severiano Ballesteros’.

Sin embargo, existen otras alternativas para rendir un homenaje a su altura. Sí que creo que junto al aeropuerto Severiano Ballesteros (que se llama así gracias a la acción popular de Richard Noya y no a las gestiones de gobernantes) sí que cabría un pequeño museo del jugador. Un museo que sirva, lo primero de todo, para rendir homenaje y mantener viva su memoria y, lo segundo, para promocionar el golf regional que, a día de hoy, tiene un peligroso desfase entre oferta y demanda.

También creo que se podría homenajear su memoria con algún mural o estructura de gran tamaño (o varios) en la que se dejase claro que Cantabria era la tierra de Severiano Ballesteros. Eso no sólo serviría para reconocer el orgullo de que uno de nuestros paisanos haya sido y sea uno de los grandes deportistas de la historia, sino que, además, serviría, una vez más, para promocional una industria que Cantabria no sabe explotar como se merecería Ballesteros.
 

Gonzalo Alonso Sánchez es director de clubs de golf.