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El proyecto de golf que impulsaba Teconsa lleva diez años paralizado

Una bola perdida en golf se considera a la pelota que no es encontrada o identificada por el jugador o su caddie en cinco minutos. Se considera más perdida aún cuando el tiempo transcurrido son diez años. Esto es lo que ocurre con la pista del último ‘pelotazo’ frustrado del constructor gallego Martínez Núñez, imputado en la trama Gürtel junto a su hijo y tres directivos de Teconsa, y que en Alhaurín en 2003 compró una superficie de 2,5 millones de metros cuadrados a Banesto para un megacomplejo de golf, con campo de 18 hoyos, hotel a todo lujo y hasta helipuerto.

De aquella megalomanía sólo queda el intento de replanteamiento del terreno y algún alquitrán en mitad de un erial vasto, cercano a Barranco Blanco, y sobre los grandes yacimientos de agua de toda la comarca. Un proyecto que de haberse tramitado hoy habría encontrado un gran impedimento en ello a su construcción, como de hecho le ha ocurrido a algunos campos cercanos. Pero el proyecto se remonta a 1986, otra época sin tanta presión urbanística en la zona y en el que la operación contó con todos los parabienes administrativos y legales exigidos entonces, locales y de la Junta. Todo normal si no fuera porque su Plan de Etapas marcaba como fecha de inicio 2004 y hasta hoy, desde aquello, no se ha movido un camión de arena más…

 

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