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«El sector del greenkeeping en Perú se encuentra en pleno desarrollo, está en crecimiento y con mucho potencial» – Javier Gómez Muñoz, Golf Course Superintendent del Asia Golf Club de Lima

Javier Gómez Muñoz estudió Ingeniería Industrial en la Universidad de Sevilla, así como se especializó como Turfgrass Management en la Universidad de Georgia (EEUU). Tras concluir sus estudios, en 2012 se incorporó al Club de Campo La Zagaleta como asistente de greenkeeper, fichando por Novogreen en 2017 como responsable de producción en Tarragona tras su experiencia en siembra y producción de diferentes especies cespitosas. En 2018 inició su periplo internacional que le llevaría a México para ser Golf Course Superintendente de Grand Coral Golf Club, a Omán como Senior Assistant Golf Course Superintendent en Jebel Sifah Golf Club y, finalmente, a Perú en 2021 como Golf Course Superintendent del Asia Golf Club de Lima.
 

 

Eres ingeniero industrial de formación, ¿qué te motivó a orientar tu carrera profesional hacía la agronomía aplicada a campos de golf?

Interesante pregunta… Me crié en el Real Club de Golf de Sevilla y pasé veranos e inviernos paseando por el campo, incluso jugando solo y siempre tuve curiosidad por cómo era posible tener el campo con ese nivel de perfección. Cuando vivía en Londres no tuve dudas, investigué al respecto y me puse con ello hasta el día de hoy.

 

Nada más concluir tu formación te incorporaste a La Zagaleta, ¿cómo surgió la oportunidad?

Siempre había veraneado en Marbella así que, cuando acabé la formación, estuve buscando algún lugar donde hacer unas prácticas. Estábamos en plena crisis económica en España y fui visitando campo por campo, presentando mi CV y expresando mi ilusión y ganas por aprender. La respuesta siempre era algo tipo «Javier estaría encantado pero, por la situación actual, he tenido que prescindir de trabajadores con muchísima experiencia y, lamentablemente, no puedo ofrecerte nada».

Por suerte, llamé a La Zagaleta preguntando por el superintendente, hablamos y me indicó que le enviase mi curriculum. Me dijo «No puedo ofrecerte nada excepcional pero sí ofrecerte aprender mucho y, cuando hagamos la reforma del campo, tendrás una experiencia que muy pocos podrán atesorar». No lo dudé y, gracias a Francisco Blázquez, entré en el sector y aprendí muchísimo estando a su cargo, cosas que a día de hoy aún sigo aplicando y por lo que siempre le estaré agradecido.

 

Tras unos años trabajando en España, en 2017 optaste por salir fuera. ¿Qué objetivos te planteabas?

En ese momento me encontraba con ganas de aumentar mi experiencia y mejorar mi CV. Alguien me dijo «Si dominas el césped en diferentes climas y condiciones extremas, tendrás mucho camino andado y podrás dominar cualquier campo que te propongas»… así que me enfrenté al siguiente reto en mi carrera profesional.
 

 

Tu primer ‘destino’ fue México y, después, Omán. ¿Qué destacarías de ambos? ¿Cómo se trabaja en dos países tan diferentes?

Lo primero a destacar es que son culturas completamente opuestas. México tiene una cultura muy similar a la nuestra y manejan el mismo idioma. Por otro lado, Omán, es un país musulmán comenzando a abrirse a occidente. El golpe psicológico al llegar a Omán fue fuerte pero ambas experiencias agronómicas aportaron muchísimo.

En México no disponía de un presupuesto muy elevado, tenía el campo con bastantes enfermedades debido a las constantes lluvias y, por la humedad producida, era muy difícil manejar los greens. Había lluvias puntuales, podía llover en cinco hoyos del campo y al resto no caerles ni una triste gota.

En coincidencia con gran amigo y compañero Javier Farrán, soy de los que piensa que el uso de químicos debe ser el menor posible, más aún si se dispone de un presupuesto ajustado. Después de un año de trabajo conseguimos tener los greens en perfectas condiciones para el juego, generando un aumento del 75 % en el valor del greenfee, algo que para un campo que obtiene ingresos por touroperadores es algo muy bueno.

En Omán tuve la oportunidad de unirme al equipo de Troon Golf con todo lo que eso implica en apoyo agronómico y profesionalidad de primer nivel. El spot del campo conllevaba unas condiciones de calor extremo y humedades altísimas en zona de costa. Esta vez eran solo nueve hoyos pero, a pesar de las dificultades, se obtuvieron unas superficies que encajaban en los estándares de la compañía. Y en esas llegó la pandemia y tuve que regresar a España.

 

En 2021 aterrizaste en Perú para hacerte cargo del Asia Golf Club de Lima. ¿Cómo encaraste este proyecto?

Pues, curiosamente, siempre me llamó la atención este país. En plena pandemia, la empresa Wallgrow se hizo cargo del campo en que estuve en México y, tras ver mi trabajo y enterarse de que estaba ‘libre’ en España por el COVID, me hicieron una oferta para este campo. Me atrajo el reto de llevar un campo con altísima salinidad y con falta de agua, así que con muchas ganas me vine a ‘hacer las Américas’ de nuevo.

 

¿Qué caracteriza el recorrido del Asia Golf Club?

Asia Golf Club es un campo estilo desert que va en sintonía con su localización al sur de Lima, una zona de playa y veraneo como diríamos en España. Presenta Paspalum de pared a pared aunque no es ninguna variedad certificada. Los greens, eso sí, se sembraron con la variedad Supreme.
 

 

¿Cómo es tu día a día en el club?

Cada mañana recorro el campo con mi termo de café en la mano, pisando los greens y analizando todo el campo desde temprano coordinando los trabajos. Algo que caracteriza a este club es que, por su localización, los trabajadores tienden a irse a Lima cuando tienen oportunidad así que cada día tenemos trabajadores con poca experiencia que necesitan formación constante. En eso he tenido suerte ya que enseñar, formar, es la parte que más me gusta de mi día a día. Desde los jardineros con sus tareas de cortes hasta el equipo de riego, se adaptan muy bien a mi forma de trabajar y eso, en gran medida, a permitido que el cambio del campo haya sido tan bueno durante este año.

 

¿Qué diferencias principales encuentra en tu trabajo en España y en Perú?

Principalmente la cultura del golf. Aquí es diferente a la que tenemos en España, aquí es un deporte muy exclusivo con todo lo que eso conlleva. En más de una ocasión he tenido que sentarme con directivos del club a explicarles la importancia de hacer los trabajos de la manera correcta y no como al cliente le interesa porque no siempre puede ser el momento adecuado ni el enfoque correcto.

Por otra parte, los insumos no son fáciles de conseguir. Hay limitaciones con los agroquímicos y, desde luego, no hay específicos para golf como tenemos en España. Por ejemplo, estuve sin máquina de calle unos tres meses por un repuesto que tardó muchísimo en venir importado de Estados Unidos, así que tuve que estar cortando con tripleta durante ese tiempo.

 

¿Cómo definirías al sector del greenkeeping en Perú?

Se encuentra en pleno desarrollo. Tuve la suerte de participar como ponente en el II Foro Iberoamericano del Césped por invitación del CENEC y, gracias a Jorge Palma, conocí a muchos miembros del sector en Latinoamérica. La realidad es que no hay tanta preparación como en Estados Unidos o Europa pero realmente es un sector en crecimiento y que tiene mucho potencial. El foro tuvo mucha aceptación por parte de alumnos de universidades y creo que, con suerte, llegará a ser algo mucho más profesional en pocos años en toda Latinoamérica y no solo en Perú.

 

Las nuevas tecnologías están cada vez más presentes en el mundo del greenkeeping, ¿qué diferencias encuentras en tu día a día respecto a diez años atrás?

Hace diez años no se usaban drones y había poquísimos medidores de humedad y no tan optimizados como ahora. Creo que es fundamental ir acompañados de la tecnología, siempre nos ayuda en optimización, monitorización y gestión del campo. Pero si hay que volver a medir humedad en suelo con la palma de mi mano… no tendría ningún problema en volver a hacerlo. O pasearme el campo entero para “sentirlo”, que es lo primero que enseño a los chicos.
 

 

Varios compañeros tuyos coinciden en que es muy positivo que un greenkeeper sea, además, jugador de golf. ¿Estás de acuerdo? ¿Facilita vuestra labor el ver el campo con los ojos de un golfista?

Estoy completamente de acuerdo, es más, yo fui jugador de golf antes que greenkeeper y puedo asegurar que me ha ayudado mucho para poder presentar el campo en función de las necesidades del golfista. No hay nada mejor que conocer a tu público final y el haber tenido experiencia jugando al golf definitivamente me da un punto de vista diferente al agronómico.

 

¿Qué importancia le concedes a la formación y al reciclaje de conocimientos?

Creo que la formación es básica e imprescindible pero diría que es necesario que sea continua. En lo que a mi respecta, todos los meses me planteo aprender nuevos temas enfocados a mi sector y todo lo que me pueda ayudar como pilotar drones, teledetección con imágenes por satélite, nuevos sistemas de gestión, etc. El golf moderno precisa de que vayamos mejorando conocimientos y optimizando recursos, es hacia donde se está moviendo el greenkeeping.

 

¿Qué le aconsejarías a un recién licenciado que quisiera iniciarse en el mundo del mantenimiento de campos de golf?

Es un camino difícil pero siempre acaba teniendo recompensa. Que busque la formación que mejor se le adapte y que después se vuelque en el campo. Horas, horas y horas es la única forma de aprender y, sobre todo, ser constante.

 

¿Cuáles son tus objetivos a corto y medio plazo?

A corto plazo me he planteado llevar el recorrido del Asia Golf Club al siguiente nivel, tengo todo el apoyo de los socios y eso me motiva. Me gustaría participar en algún que otro evento más para poder fomentar el mundo del césped en Latinoamérica.

A medio y largo plazo me encantaría tener la oportunidad de volver a casa, a España, y poder llevar un buen campo de golf para poder desarrollar allí todo mi potencial y lo aprendido en estos años estando cerca de los míos. Sería increíble poder llevar a casa todos los conocimientos y experiencias obtenidos en estos años.