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‘Enredados’, por Alejandro Nagy

Hace unos días leía un comentario de un experimentado community manager que decía que “las redes sociales han llegado para quedarse” y que no eran en absoluto una moda pasajera. Como en su momento ocurrió con la radio o la televisión, internet se ha situado como una herramienta fundamental para transmitir información y para estar informados, siendo hoy en día casi inconcebible no echar mano a diario de la red de redes.

Una de elementos novedosos que han surgido a raíz de internet son las denominadas “redes sociales”, páginas web en las que un usuario dispone de un perfil propio, que maneja a su antojo, en la que publica lo que quiere y en la que lee (u observa) lo que desea. Las más conocidas como Twiter, Facebook o LinkedIn son ya empresas gigantescas, algunas cotizando en Bolsa, y todas con un modelo de negocio freemium, es decir, una base gratis (free) y unas extensiones de pago (premium). Herramientas a coste cero (inversión en tiempo, eso sí) que pueden generar un inmenso retorno comercial, que en cierto sentido “humanizan” a una compañía, y que poco a poco son empleadas por diversas empresas de la industria del golf.

Casi todas las casas comerciales, los clubs de golf, los principales torneos, etc., poseen sus propias cuenta de Twitter y página de Facebook (elementos casi fundamentales hoy en día para acercarse al socio / jugador / cliente / espectador) aunque quizá muchas de ellas deberían replantearse su enfoque ya que las emplean de forma casi unidireccional. Cuando no se interactúa con los followers, o con los amigos, el concepto “red” se pierde, volviendo a tener un canal tradicional menos efectivo. Un buen community manager, alguien que conozca bien la casa y sus productos, puede conseguir que una empresa gane adeptos a diario, mientras que un empleo errático o repetitivo de la cuenta o de la página posiblemente genere el efecto contrario. Captar nuevos clientes y retener a los habituales son dos objetivos fundamentales del gestor de cualquier negocio, y el potencial de las de redes sociales para ello no debería ser subestimado. Además del clásico “nosequién me ha comentado que…” ahora también se debe tener presente el “he leído en Twitter/Faceboook que…” a la hora de tomar decisiones. Y si su empresa consigue un “¡Me han contestado por Twitter y ya está casi solucionado!”, enhorabuena, considere al cliente prácticamente fidelizado.

Un ejemplo de interacción social son los jugadores profesionales, algunos auténticos “animales de teclado”, capaces de crear por sí solos una campaña promocional extra-low-cost de un producto con una foto y unos comentarios o de establecer breves conversaciones con admiradores de todo el mundo (además de, claro, trasmitir sus ideas personales y dar alguna que otra sorpresa). Actualmente mucho pros son unos brillantes embajadores de las casas comerciales que les patrocinan o de los clubs a los que representan, permitiendo a la gran masa de aficionados acercarse a ellos y compartir momentos.

Haga una prueba, la próxima vez que un pro tuitero consiga una victoria (entiéndase por tuitero aquel que maneja su propia cuenta, no quien tiene escribano virtual) eche un vistazo a su timeline de Twitter, verá un claro ejemplo de interacción social y promoción comercial 2.0.
 

Alejandro Nagy es coordinador de cgolfsostenible y fundador de golfindustria.es.
 

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