Cada año, cuando llega enero, marco en rojo una semana muy especial en el calendario: nuestro viaje anual a Florida coincidiendo con el PGA Show. Es una tradición profesional y personal que se ha convertido en una de las experiencias más enriquecedoras de mi carrera como profesional de golf.
No es sólo un viaje al PGA Show. Es un itinerario completo que combina competición, convivencia con socios, inspiración, aprendizaje y, desde este año, también espectáculo.
Como cada año, volamos primero a Palm Beach, que para mí es, sin exagerar, la capital golfística de la Costa Este. Allí jugamos varios torneos con socios de Quail Hollow Club. Es una experiencia única por muchos motivos.

Por un lado, compartimos golf competitivo con nuestros propios socios en algunos de los campos más exclusivos del país. Por otro, convivimos con ellos durante varios días, lo que nos permite conocerlos mejor fuera del entorno habitual del club.
Y además, visitamos operaciones y centros de tecnificación de primer nivel para coger ideas que luego podemos adaptar a nuestra realidad en Quail Hollow.
Este año tuve la suerte de competir en Apogee, Everglades y Grove XXIII. Tres clubs con filosofías distintas, pero con algo en común: excelencia en presentación, servicio y enfoque en la experiencia del jugador.
Volver de esos campos siempre te deja pensando: “¿Qué podemos hacer mejor en casa?”.

Una de las grandes novedades de este año fue asistir en directo al TGL, invitado por Kevin Kisner. Presenciamos el enfrentamiento entre Jupiter Links, capitaneado por Tiger Woods, y Los Angeles Golf Club, con Justin Rose, Sahith Theegala y Collin Morikawa.
La experiencia in situ fue espectacular… y además tuvimos la suerte de vivir en directo el primer albatros de la historia de TGL, conseguido por Rose en el hoyo 10, Sterling, diseñado por Pizá Golf.
El estadio es enorme y está lleno de tecnología, resaltando el simulador de Full Swing. El green se adapta y gira para alinearse con el hoyo virtual, creando situaciones de juego completamente nuevas.
Nada más entrar, te dan auriculares para poder escuchar las conversaciones entre los jugadores y eso, sinceramente, es lo más divertido de todo.
El ambiente recuerda más a un partido de baloncesto que a un torneo de golf tradicional: música, animación constante, público que anima y abuchea (siempre con respeto), bailarinas, comida y bebida. El formato es rápido, dinámico, con muy pocos tiempos muertos. Es muy entretenido y sorprendentemente accesible para el no golfista.
Y algo importante: es mucho mejor en persona que por televisión. Escuchar cómo piensan los jugadores, cómo se pican entre ellos y cómo gestionan la presión en ese formato hace que te enganches. Es golf, pero es también puro entretenimiento deportivo moderno.

Esa misma noche nos desplazamos a Orlando para comenzar tres días intensos en el PGA Show 2026.
Como siempre, fue una combinación perfecta de:
- Seminarios formativos con ponentes de primer nivel.
- Eventos de networking con profesionales de todo el mundo.
- Experiencia de producto en primera persona.
- Reuniones con marcas, desarrolladores de tecnología y colegas de la industria.
Personalmente, pasé la mayor parte del tiempo en tres zonas: palos, tecnología y material de enseñanza.
Poder tocar, probar y hablar directamente con los ingenieros y responsables de producto te da una perspectiva totalmente distinta a leer una ficha técnica o ver un vídeo promocional. Muchas de las decisiones que tomamos luego en el club —compras, inversiones, cambios en programas de enseñanza— nacen en esos pasillos.

Si tuviera que resumir esta experiencia anual en una frase, sería esta: Empiezas jugando al golf, sigues con el espectáculo del TGL y terminas en el PGA Show. Y vuelves a casa siendo un mejor profesional.
Es una semana muy amena, pero también muy productiva. Te revitaliza. Te recuerda por qué te dedicas a esto. Regresas a tu club con nuevas ideas, nuevas conexiones y una visión más clara de hacia dónde va la industria.
Muchas de esas relaciones y conceptos que descubres en Florida no dan frutos inmediatos, pero acaban siendo claves uno, dos o tres años después.
Para mí, este viaje no es un gasto. Es una inversión directa en el futuro de nuestro programa de instrucción y en la experiencia que ofrecemos a nuestros socios en Quail Hollow.
Sinceramente, ya estoy contando los días para repetirlo en 2027.
Luis A. Hernández, PGA, es director de Instrucción en Quail Hollow Club (Charlotte, NC), donde forma parte del equipo desde 2013 y trabaja a tiempo completo desde 2017.










