La Asociación Española de Campos de Golf (AECG) ha vuelto a poner sobre la mesa una reivindicación histórica del sector: que los campos de golf sean reconocidos, de forma efectiva, como una actividad económica e industrial y no únicamente como una oferta recreativa. Así lo ha defendido su presidente, Luis Nigorra, en una reciente entrevista concedida a la agencia EFE, en la que reclama un marco fiscal más acorde con la realidad del golf en España.
Entre las principales demandas de la AECG figura la aplicación de un IVA reducido del 10 %, en línea con otros deportes y actividades vinculadas al turismo, así como una revisión de las valoraciones catastrales que sirven de base para el cálculo del IBI. Un impuesto que, según Nigorra, supone una carga especialmente pesada para muchas instalaciones debido a la gran extensión de las fincas sobre las que se asientan los campos.
«Es una losa que pesa mucho sobre el negocio», señala Nigorra apuntando a la necesidad de una actualización sustancial de las tasaciones por parte de la Dirección General del Catastro.

Igualemnte, recuerda que una parte significativa de los algo más de cuatrocientos campos de golf existentes en España no es rentable en términos estrictos, pese a su papel como motor económico en numerosos destinos. La AECG, que representa en torno al 55 % de los campos del país y celebró recientemente su décimo aniversario, defiende que el sector necesita “un campo de juego más adecuado” desde el punto de vista fiscal para poder mantener su contribución al entorno.
Más allá de la facturación directa —que ronda los novecientos millones de euros anuales—, Nigorra insiste en el fuerte efecto tractor del golf. Apoyándose en un estudio del Instituto de Empresa, subraya que por cada diez euros que gasta un turista de golf en España, cerca del 90 % se distribuye en otros sectores de la economía. Hoteles, restaurantes, alquiler de coches, taxis o comercio local son algunos de los grandes beneficiados por una actividad que, además, contribuye de forma clara a la desestacionalización turística.

Otro de los ejes de la entrevista tiene que ver con la sostenibilidad y, en particular, con el uso del agua. Nigorra lamenta que el golf siga siendo un sector “muy desconocido” para parte de la ciudadanía y que persistan prejuicios que no se corresponden con la realidad actual.
Según los datos que maneja la AECG, más de la mitad del agua utilizada en los campos de golf en España es reciclada o desalada, con porcentajes aún mayores en regiones especialmente sensibles desde el punto de vista hídrico. En Canarias, Baleares, Levante o el sur peninsular, el uso de agua regenerada es ya mayoritario, situando al golf español como referente internacional en gestión responsable del recurso.
En este sentido, el presidente de la AECG considera que el debate público debería ampliarse y prestar más atención a las pérdidas de agua derivadas del mal estado de las redes de distribución, un problema estructural que poco tiene que ver con el consumo real de los campos de golf.

La entrevista también aborda el futuro del sector y su capacidad de crecimiento. Nigorra considera que el número actual de campos en España es “aceptable”, aunque admite que existe margen para nuevas instalaciones si se reduce la burocracia y se optimiza la capacidad existente. La ocupación media de los campos no supera la mitad, con picos de demanda muy concentrados en fines de semana o temporadas altas, lo que abre la puerta a un mayor aprovechamiento de las infraestructuras ya creadas.
De este modo, regiones como Cataluña aparecen como territorios con potencial de desarrollo adicional, especialmente de cara al impulso que supondrá la celebración de la Ryder Cup 2031 en Camiral, un evento que volverá a situar al golf español en el foco internacional.










