El incendio ocurrido hace unas semanas en el Real Club de Golf Guadalmina, que dejó calcinada una nave de buggies y afectó a cerca de un centenar de vehículos, ha puesto el foco en el riesgo emergente asociado a la creciente electrificación de los campos de golf.
En los últimos años, los campos, clubs y resorts han incorporado de forma progresiva vehículos eléctricos, tanto buggies como carros de mano y maquinaria de mantenimiento, hasta convertirlos en una pieza clave de su operativa.
Esta transición, alineada con criterios de sostenibilidad, está introduciendo nuevos escenarios de riesgo en materia de incendios especialmente en las zonas de carga, almacenamiento y aparcamiento.

Desde la Asociación Española de Sociedades de Protección contra Incendios (Tecnifuego) se advierte de que uno de los factores más críticos reside en las propias baterías. Un golpe o daño previo puede desencadenar un incendio horas después, incluso sin una causa aparente inmediata.
A ello se suman otros elementos igualmente sensibles, como las conexiones a la red eléctrica, que pueden convertirse en un punto de fallo si no están correctamente instaladas o mantenidas, especialmente durante los procesos de carga nocturna sin supervisión.
«Estamos ante un escenario que hace unos años no era habitual y que ahora empieza a repetirse. La electrificación avanza y la seguridad tiene que evolucionar al mismo ritmo», señala Antonio Tortosa, presidente de Tecnifuego.

El riesgo se incrementa cuando los vehículos se concentran en un mismo espacio. En muchos campos, decenas de buggies se agrupan en áreas cerradas o semicerradas, con múltiples puntos de recarga activos y escasa separación entre unidades. En ese entorno, un problema en una batería puede desencadenar un incendio que se propaga con rapidez.
La cercanía entre vehículos favorece la transmisión del fuego y fenómenos como la fuga térmica complican su control y extinción, ya que estos fuegos presentan una alta carga térmica y gran dificultad para ser sofocados con medios convencionales. Lo que empieza como un incidente puntual puede escalar en pocos minutos.
Mientras que en otros ámbitos, como los aparcamientos de vehículos eléctricos o determinadas instalaciones industriales, estos riesgos llevan tiempo analizándose, en los campos de golf estas áreas han tenido tradicionalmente un papel secundario dentro del conjunto, pese a concentrar una parte relevante del riesgo y ser un elemento crítico para la continuidad del negocio y su asegurabilidad.

Los expertos en protección contra incendios de Tecnifuego señalan que la adopción de medidas preventivas puede marcar una diferencia significativa, como la detección temprana conectada a una central receptora de incendios, una ventilación adecuada en las zonas de carga o una mayor separación entre vehículos.
También comienzan a incorporarse soluciones específicas, como mantas de cubrición para vehículos eléctricos, diseñadas para contener el incendio en su fase inicial y evitar su propagación.
La presencia de baterías eléctricas introduce además nuevas dificultades en la intervención de los servicios de emergencia, alargando los tiempos de actuación y exigiendo estrategias específicas.
Por ello, se recomienda que los servicios de bomberos conozcan previamente la ubicación y características de las zonas de aparcamiento y almacenamiento de estos vehículos, lo que puede facilitar una respuesta más rápida y eficaz.

Lo ocurrido en Guadalmina no es un hecho aislado, sino una señal de hacia dónde están evolucionando estos riesgos.
En los últimos años se han registrado incidentes de características similares en campos de golf en nuestro país, algunos de ellos en instalaciones que habían superado la inspección reglamentaria, lo que evidencia que ajustarse a los requisitos normativos no siempre es suficiente para cubrir determinados escenarios de riesgo.
«Cumplir con la normativa es imprescindible, pero en determinados casos resulta insuficiente si no se fundamenta en un análisis de riesgos adaptado a la realidad de la instalación y desarrollado por una ingeniería de protección contra incendios especializada», explica Antonio Tortosa.

Aunque este tipo de incidentes sigue siendo poco frecuente, Tecnifuego, la Asociación Española de Sociedades de Protección contra Incendios que reúne y representa a todos los profesionales del sector en España, incluidos fabricantes, instaladores, mantenedores y empresas de servicios especializados en seguridad contra incendios, recuerda que el avance de la electrificación obliga a revisar el diseño y la gestión de estas instalaciones para anticiparse a nuevos riesgos.
La principal misión de Tecnifuego es promover la seguridad de las personas, los bienes y el medio ambiente, al tiempo que impulsa el desarrollo económico, técnico y formativo del sector.
Para ello, fomenta la investigación, difunde documentación técnica, sensibiliza sobre la importancia de la protección contra incendios y colabora con la Administración en la creación y mejora de legislación y normativas, contribuyendo a un marco regulatorio efectivo.










