Este verano tuve la oportunidad de participar en algo verdaderamente inolvidable: unas prácticas en el Real Club Valderrama, uno de los campos de golf más prestigiosos del mundo. Entre el 15 de junio y el 22 de julio, viví una experiencia que no solo me permitió adentrarme en el mundo del golf profesional sino que también me desafió y me enseñó a crecer como nunca antes.
Al principio, confieso que me sentía algo perdido. Nunca había tenido tanta responsabilidad en una de mis prácticas anteriores, y la magnitud de organizar un torneo de nivel internacional me desbordaba un poco.
Sin embargo, la figura de Diego Gil, director de la casa club, fue clave en todo mi aprendizaje. Su estrategia y forma de gestionar los imprevistos me enseñaron a manejar de forma eficiente los desafíos del día a día. Desde aprender a gestionar la relación con proveedores, hasta el cálculo de ratios de estimación diaria para prever la demanda, cada detalle requería una planificación meticulosa.

Lo que me sorprendió aún más fue cómo aprendí a gestionar cosas que nunca había tocado antes, como la facturación o cómo trabajar con presupuestos ajustados, todo ello con una experiencia previa casi nula en estos campos. La coordinación de los horarios de personal fue otro reto: desde los cocineros que llegaban al amanecer para preparar elaboraciones, hasta los camareros que debían estar listos una hora antes del servicio.
Todo esto lo manejé con una coordinación y paciencia excepcionales, no solo por parte de mi equipo, sino también de todo el personal de Valderrama, que siempre estuvo dispuesto a ayudarme y a enseñarme.
Quiero hacer una mención muy especial a todos los trabajadores que hicieron posible que este proyecto fuera un éxito, desde los cocineros del equipo de José Andrés, cuya experiencia y habilidad en la cocina fueron una verdadera inspiración, hasta los camareros, hostess y bartenders que, aunque algunos de ellos no contaban con demasiada experiencia previa, pusieron su entusiasmo y ganas en todo lo que hacían. Sin ellos, el trabajo no habría sido el mismo, y no me puedo sentir más orgulloso de cada uno de ellos.
Además, debo agradecer de manera especial al director financiero, al de recursos humanos, al chef de Valderrama, quien fue una de las personas que más me ayudó y de las que más aprendí.

También quiero reconocer la labor de la maitre, el encargado del economato que me ayudó a tener todos los pedidos organizados y bajo control, la gobernanta, los trabajadores de caddy master, y, por supuesto, al director Javier Reviriego y a Diego Gil, quienes me brindaron su confianza y me enseñaron muchísimo durante mi tiempo allí.
Lo más impresionante de todo esto fue la energía con la que trabajé cada día. Lo que al principio parecía un reto monumental se convirtió en una experiencia tan espectacular que nunca miraba el reloj. Durante más de un mes trabajé muchas horas que se pasaban volando, porque cada objetivo cumplido me hacía sentir más cerca de conseguir el éxito, tanto a corto como a largo plazo.
Ser parte de LIV Golf Andalucía 2025 no solo consolidó mi vocación por el sector del golf sino que también me impulsó a seguir soñando con un futuro en el que algún día pueda estar al frente de un campo de golf, gestionando eventos de esta envergadura.
Agradezco profundamente al Real Club Valderrama por darme la oportunidad de aprender de grandes profesionales y por brindarme un espacio donde poder demostrar todo lo que soy capaz de hacer, incluso cuando las circunstancias parecían difíciles. Sin duda, este verano fue un paso clave en mi desarrollo profesional y personal.
Alejandro Nestares Fontecha es estudiante de Administración de Empresas en la Universidad de Navarra.










