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‘Los campos de pares tres, patitos feos del golf’, por Julián Romaguera

Estudios recientes sobre el mundo del golf demuestran que entre las razones por las que el número de golfistas en todo el mundo está disminuyendo están sin duda la dificultad de la práctica y el tiempo que requiere un recorrido convencional de dieciocho hoyos.

No es casual por tanto que cada vez sean más populares los campos conocidos como pares tres, situados a menudo en zonas residenciales, lo que les garantiza una cierta “visibilidad” y, sobre todo, sirven para atender la demanda de un golfista local. Además, también en muchos casos estas instalaciones nacen como complemento de instalaciones de campos de golf convencionales, de dieciocho hoyos, como es el caso del nuevo gran proyecto de Riviera Maya Golf Club en el que me encuentro, y como instrumento para la exploración de nuevas opciones comerciales.

Pese a lo dicho, tengo la impresión de que los campos de pares tres son los “patitos feos” del golf, ya que, en general, son poco apreciados por los golfistas a pesar de que, comercializados de una forma correcta y atractiva, pueden ofrecer resultados muy satisfactorios desde el punto de vista deportivo y, desde luego, desde la perspectiva del golf como industria.

Además del proyecto que dirijo en la actualidad he tenido la oportunidad de conocer bastantes campos de pares tres en varios lugares del mundo. De ellos tengo que destacar la Escuela de Golf de Miguel Ángel Jiménez, en Torremolinos, donde, a mi parecer, se ha planteado con gran acierto una estrategia de comercialización del campo en perfecta compatibilidad con el espíritu de iniciación y fomento del crecimiento de jugadores a través de una escuela ya consolidada, y ello con el extraordinario aliciente de estar vinculada a una de las grandes figuras del golf español, y también uno de los jugadores más carismáticos en el circuito internacional como es Miguel Ángel Jiménez.

Pero, volviendo al aspecto principal que motiva esta reflexión, creo obligado mencionar también mi criterio en el sentido de que gestionar un complejo que cuente con un campo de pares tres anexo a un proyecto de dieciocho hoyos es una experiencia diferente e interesante, ya que, generalmente, cabe pensar que la mayoría de clientes van a preferir “el campo grande al chico”. De ahí que haya decidido, en el caso del escenario en el que tomo decisiones, buscar y establecer algunas estrategias comerciales que, aprovechando ambas instalaciones, permitan generar recursos donde antes se dejaban de obtener.

Una medida más que recomendable, por ejemplo, es la creación de un greenfee de pares tres pero con recorrido de dieciocho hoyos.

Está claro que no va a ser el greenfee más vendido, pero puede saber aprovechar la tendencia innata del jugador a identificar siempre el golf con un deporte que consiste en realizar un recorrido de dieciocho hoyos… Y, a propósito, pocos me negarán que, en el campo convencional, esos dieciocho hoyos puedan hacerse demasiado largos si nuestro compañero de juego es inexperto o principiante. Se me antoja también que, por experiencia propia, no son pocos los clientes de pares tres que, después de haber concluido el recorrido, se quedan con ganas de repetirlo, aunque en muy pocas ocasiones parecen dispuestos a pagar de nuevo el precio inicial de un greenfee de nueve hoyos.

A mi juicio, también a menudo, el motivo por el que un campo de pares tres no termina de rentabilizarse como sería deseable es porque la instalación es poco conocida entre los golfistas. Siendo así, creo que procede aplicar un pequeño incremento al precio del greenfee en el campo grande para incorporar a nuestra oferta una “invitación” a disfrutar del campo pequeño, favoreciendo con ello el conocimiento y la familiarización, de manera que, seguro antes que después, esta “experiencia” se repetirá, e incluso llegará a hacerse habitual.

En este contexto, creo también que los campos de pares tres pueden ser un valioso instrumento para promover la participación en torneos, ofreciendo a los clientes la atractiva combinación de competir durante 18 hoyos en el campo grande y, en el mismo día, hacerlo en los “hoyos cortos”.

Con esta modalidad estamos dando a nuestros usuarios un gran valor añadido y, no menos importante, estamos permitiendo a nuestros clientes conocer nuestro campo pares tres y aficionarse a visitarlo más a menudo.

Ni que decir tiene, por otro lado, que las instalaciones de pares tres favorecen de forma importante el proceso de formación de jugadores novatos sin que ello tenga repercusión negativa en la dinámica normal de funcionamiento del campo convencional, además de tratarse de un escenario idóneo para ir consolidando las obligadas reglas de etiqueta tan importantes en la práctica de este deporte.

Según las estadísticas conocidas, salvo casos excepcionales, los pares tres no cubren ni un diez por ciento de su utilización óptima. Es por ello que, al margen de la necesidad de esforzarse para que logren finalmente buenos resultados comerciales, se antojan también un marco ideal para el desarrollo de las escuelas infantiles, con todo el atractivo que representa para los más pequeños verse y sentirse en “un auténtico campo de golf” poco menos que hecho a su medida, sin olvidar lo que ello contribuye a la creación de cantera y de promoción para favorecer el crecimiento de la afición y el amor por nuestro deporte.

Por otro lado, abundando en las posibilidades de comercialización de los pares tres es importante, en caso de estar cerca de hoteles, establecer una buena relación con los conserjes y responsables de esos establecimientos para que considerasen la opción de disfrutar de nuestro campo como un aliciente más para sus clientes y, por ello, un atractivo complementario del hotel. Es más, si logramos que sean los propios conserjes los que se aficionen, aún mejor. Es cuestión de invitarlos un día a disfrutar con nosotros.

En fin, que los “patitos feos” pueden convertirse en cisnes si son considerados realmente como una valiosa herramienta de marketing y promoción de nuestro campo de golf convencional. Es cuestión de trabajar por ello y perseverar.
 

Julián Romaguera es director del Club de Golf Los Naranjos (Marbella).
 

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