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‘Me cuesta mucho entender que se prohíba la práctica del golf’, por José Manuel Caballero Fernández

Quién iba a pensar la cantidad de tiempo domiciliario que íbamos a invertir durante todo un año y, por lo que estamos observando, lo que nos queda.

Una situación difícil de entender e inexplicable en el siglo XXI en el que, en un futuro muy próximo, tendremos ‘drones taxi’ entre otros adelantos tecnológicos.

Considerado también una injusticia, en la que se me permite comentar, al ser afortunado y no estar, de momento, entre los miles de fallecimientos en una triste soledad inesperada.

Lo más positivo, los momentos que podemos estar disfrutando con nuestra familia, nuestros hijos, donde siendo observadores y analíticos, podemos dictaminar lo maravilloso que este mundo, la naturaleza y evolución de casi todo lo que nos rodea, concretando en el desarrollo y conversión de un bebé, una niña y tu esposa, cambios de humor y su gestión y asimilación de las consecuencias de los mismos.

Maravillosas anécdotas que nos permiten luchar y suspirar ante la ausencia, tan valiosa y necesitada, de nuestros seres más queridos (padres, hermanos, abuelos, sobrinos, tíos, primos, amigos…) que tanto tiempo hace que no disfrutamos y abrazamos juntos. Y, ante toda confusión, es tiempo de ingenio.

Ingenio para formarse, digerir la necesidad de tomar un simple café con los tuyos, evaluar tu situación laboral, familiar, económica, profesional e intentar encontrar los lazos para conseguir tus logros de cualquiera de estas facetas. Lo más productivo y efectivo no será consolidarnos en una zona de confort; quizás lo más cómodo, y lo más resolutivo, sea buscar el camino del progreso sea cual sea el ámbito a tratar.
 

 
Cuesta entender que, siendo exigentes, tanto mi familia como yo, abordando el sentido de la responsabilidad, no visitando a nuestras ansiadas familias en tan señaladas fechas navideñas para todos, encima tenga que sufrir y asumir las restricciones impuestas por la falta de responsabilidad y sentido común de mucha gente y no sólo de unos pocos.

Cuesta entender que quienes toman las directrices de nuestro país no atesoran ni días de vida laboral suficientes ni conocimientos para desempeñar la responsabilidad para la que han sido elegidos, ni tan siquiera saber escoger a piezas clave que les hagan suplir su propia carencia. Quizás tareas tan sanas como recoger uva y aceituna, entre otras, a una temprana edad para poder financiar una futura formación académica y profesional, hubiese sido una contraseña eficaz y difícil de mejorar para el futuro político, sentido común, honestidad y la toma de efectivas decisiones posteriores.

Cuesta entender que los responsables de informar a la ciudadanía de nuestro país pueden dormir tranquilos sabiendo que están engañando continuamente a su país, siendo un claro hecho de falsedad y traición. ¿Qué le dirán estos responsables a sus hijos, a sus parejas, al llegar a casa? ¿Tengo que decir lo que me dice mi superior? ¿Nunca pedirán perdón por todo lo que nos están tapando? Qué tristeza… La debacle que está sufriendo, y sufrirá, nuestro país y que también sufrirán sus sucesores. Que poca inteligencia la suya.

Tengo muy claro que se ha perdido el norte político porque da igual los colores e ideologías conservadoras o progres. Que triste que nadie, absolutamente nadie, en el Congreso de los Diputados, haya comentado, haya publicado, haya indicado, haya exigido, haya solicitado, haya pedido, haya suplicado unión política y paralizar todo lo demás sin importar cómo vistes o cómo piensas, hasta solucionar de la forma más rápida y eficaz esta terrible pandemia.

Cuesta entender que un sueño, y numerosas y constantes cuestiones, se hagan realidad ante tanta falta de criterio confuso. Por ejemplo, un presidente del Gobierno que sea capaz de decir en sus numerosas e inútiles actuaciones: “Señores ciudadanos, sólo me importa la unión política y de la ciudadanía para, entre todos, poder sacar el país adelante y vencer a la fatídica pandemia”. Quizás sea un iluso pero creo que, al menos, mis despertares estarían cargados de energía porque, como mucha gente, empiezo a estar agotado, desilusionado y, de la misma forma, empezando a creer que mi país es el mejor sólo en fiestas… y eso es muy triste. Que iluso.
 

 
Cuesta entender una estrategia política con prioridad electoral y que su principal preocupación sea conservar los sillones de poder dejando de lado la responsabilidad para la que fue encomendado desertando y huyendo como un traidor en medio de una guerra de fuego.

Cuesta entender que la consolidada y repetitiva directriz de restringir prácticamente todo sea sinónimo de responsabilidad de cara a la ciudadanía sin que exista ningún estudio o dato que indique que cerrar prácticamente todo es la mejor fórmula para progresar, no contagiarnos, estar sanos, etc. Pero es lo más fácil, está claro.

Cuesta entender que, cuando se publican restricciones de movilidad, se prohíben ciertas acciones que paralizan la actividad humana y económica anteponiéndose a una evaluación técnica de cada actividad y aún así ni se comunica la efectividad (o no) de dichas acciones. ¡Que menos! Acciones que evitan que un niño autista pueda practicar su deporte semanal donde no existe el mínimo riesgo de contagio, ya que es al aire libre, con muchísimo espacio y de práctica individual. Acciones que impiden el desarrollo profesional de tanta gente que va a perder su trabajo para siempre.

¡No está demostrado que detener toda, o casi toda la actividad, elimine el contagio o la propagación de este maldito virus!

Lo que sí está demostrado es que los profesionales o técnicos que dirigen y regulan los estamentos, en mi caso deportivo, ni tan siquiera han tenido el valor o la dignidad de salir de su despacho, analizar los riesgos de la actividad para permitir (o no) ciertas disciplinas deportivas. ¿Saben por qué? Por si Filomena, o sus sucesoras, les hicieran enfermar y no tuvieran sitio en el hospital. Es lo que me da a entender ante la falta de información y comunicación al respecto.

Cuesta entender que un país tan bonito, rico, amable, estético y maravilloso como es España, se esté destruyendo, por un virus quizás, pero sobre todo por dejadez, egoísmo y lastre político al que no se le solicita un mínimo de curriculum, vida y experiencia laboral para poder dirigir con criterio y efectividad y a quien no se penaliza por sus mala praxis.

Aún así, considero que estamos obligados a luchar por él, por mantener la paciencia y soñar que queda pronto para ver a los nuestros, a formarnos, a intentar ser mejores personas y profesionales y a hacer una constante autocrítica para no caer en la trampa de lo que se está haciendo mal.
 

 
Mi entorno profesional está en la formación y dirección de una instalación deportiva al aire libre situada en la meseta manchega, donde hay muy buena gente, buen corazón y raíces lectoras muy valiosas e importantes para toda la humanidad como así se ha demostrado. Soy privilegiado, claro que sí, como todos los que podemos escribir o leer algo así, pero no me exime de poder expresarme, luchar por la humanidad, mi entorno profesional e intentar ayudar a mis alumnos y deportistas. Al igual que lucha, y tengo que agradecerle este hecho por su atención y preocupación constante por el deporte y su actividad, el responsable deportivo de las instalaciones municipales de mi ciudad. Gracias, Antonio y tu equipo.

El golf es mi deporte, mi vida junto a mi familia, y me entristece mucho, aún en los tiempos que nos acompañan del siglo XXI, que se tipifique como una ‘actividad elitista’ y, para cierto sector, ‘de estatus social’. Este deporte, como he apuntado antes, es la ilusión de niños y personas autistas o que sufren de enfermedades de salud mental, auditiva, con problemas de aislamiento social, indicado para personas con problemas cardiovasculares, en el que está estudiado científicamente que su práctica alarga la vida un mínimo de cinco años y está abierto a cualquier persona y edad desde los cuatro años.

Un deporte que genera al país más de doce mil millones de euros, que atrae a nuestro país a más de un millón de turistas extranjeros a practicar su deporte siendo primer destino del mundo en turismo internacional de golf. Si valoramos que el turista de golf deja siete de cada ocho euros de gasto en otros sectores diferentes del golf nos podemos imaginar la repercusión económica directa que genera en la zona o comarca donde asiste a la práctica de su deporte, degustar los productos del lugar, pernoctaciones contiguas, etc.

La práctica del golf te solicita y exige disciplina, respeto, perseverancia, concentración, paciencia y te mantiene en un estado constante de humildad debido a su dificultad de poder ejecutar el golpe que deseas con estado pleno de confianza y actitud positiva.

Asimismo, considero que debemos aprender algunas estructuras de la enseñanza norteamericana donde intentan hacer caminar a sus golfistas de elite en un entorno cómodo y organizado para que estos deportistas puedan llevar a cabo su desarrollo académico y deportivo con la exigencia de estos valores tan necesarios para la evolución y éxito de cualquier empresa, organización profesional y/o directivos de los mismos.

Y, de esta forma, con mis respetos hacia todas las personas afectadas por esta desastrosa pandemia, me cuesta mucho entender que se prohíba la práctica del golf y cualquier disciplina deportiva si no es para entrenar para una competición oficial donde existe un protocolo estrictamente valorado y analizado. El golf presenta un mínimo riesgo de contagio en unas instalaciones donde un niño puede realizar su actividad, una persona con discapacidad puede sentirse realizado y, entre otros y numerosos casos, donde la persona que padece problemas cardiovasculares que asiste a su rutina de andar siente que su corazón estará agradecido porque su dueño le da esperanza de un mejor funcionamiento.

Señores responsables, actualícense. El golf, como tantos otros deportes, es economía, es trabajo, es oportunidad, es salud y, sobre todo y lo más importante, el golf es vida.
 

José Manuel Caballero Fernández es director-gerente de Golf Ciudad Real y jugador profesional de golf.