Ante todo me considero un deportista y científico. El golf es mi deporte, pero siempre ha habido muchos más. Me crié en un pueblo muy pequeño, en una casa alejada del centro, y cerca había una pista polideportiva abierta en la que pasaba la vida.
Cuando empecé en el golf, todo cambió. Enseguida fue algo a lo que me quería dedicar profesionalmente. A enseñar, compartir, entrenar y hacer crecer el deporte del golf. Nunca pensé en ser jugador profesional. Lo soy porque creo que hay que tener un mínimo de nivel de juego para ser un buen entrenador pero nunca me sentí motivado para ganar dinero jugando. Creo que mi nivel, edad, salud y motivación no me lo hubieran permitido. Pero quiero remarcar que no me considero un jugador frustrado ya que desde el primer día me quise dedicar a ser profesional de club.
Aparte de amante del deporte y la ciencia, soy Técnico Deportivo II y tengo el reconocimiento de PGA profesional con la máxima categoría. También tengo una ingeniería en Electrónica y un máster en Educación y TIC (e-learning). Ahora estoy en un proyecto de tesis doctoral en la línea de investigación Learning Technologies dedicado estrictamente al aprendizaje del golf. Supongo que en algún momento abandoné la ingeniería por el golf, pero con el tiempo mi interés por la ciencia me llevó de vuelta a la universidad para empezar un proyecto científico sobre el aprendizaje del golf.
De alguna manera, supongo que intenté cerrar el círculo mezclando golf, tecnología y pedagogía a través de la ciencia. Explicado así puede parecer que tengo una posición destacada o un cargo importante. Quiero que quede claro que esto no es así, y es importante ya que me metí en este proyecto porque me apasionaba y no porque me pagasen por ello.

Actualmente estoy trabajando en dos proyectos como coach de golf. Por un lado, uno pequeño en el que me hace ilusión participar, Birdiefy, una startup plataforma online para clases de golf en aplicación móvil que está empezando. Y, sin duda el gran peso de mi trabajo y el más importante, el que hago en un club relativamente grande, Camiral Golf & Wellness, donde soy parte de un equipo de cinco profesores.
Soy trabajador autónomo, pago la cuota y el IVA, pago por mis estudios y proyectos científicos, no tengo beca ya que en mi país es imposible optar a beca a mi edad y trabajando en el tema en el que trabajo. Esto representa un esfuerzo personal y familiar bastante duro y distinto al que puede parecer al leer todo lo anterior. Mi trabajo me llena y lo hago con pasión. Mi misión, ilusión y motivación es trascender en el aprendizaje del golf y dejar para el futuro conocimiento abierto a todos aquellos a los que les pueda interesar. Que impacte en la industria del golf y que sus aplicaciones prácticas tengan utilidad para mis compañeros de profesión.
Tengo ya casi veinte años de experiencia como profesional de club. Y si algo ha ido creciendo en mi interior durante mi carrera ha sido el espíritu crítico. Y lo soy en especial con el proceso de aprendizaje del golf en general. Por eso supongo que sentí la necesidad de hacer investigación.

Siempre me da vueltas en la cabeza una frase que le escuché hace años al gran Vicente del Bosque: ‘Un entrenador, con no empeorar a su equipo ya está haciendo un buen trabajo’. Me encanta lo que la envuelve: humildad, sencillez y certeza sobre lo que se hace. ¿Tenemos todo esto en el proceso de aprendizaje del golf? En mi humilde opinión, creo que falta conocimiento científico para mejorar el proceso de aprendizaje del golf.
De esta última reflexión se derivan las dos líneas de investigación de mi proyecto de tesis. Una metodológica utilizando tecnología y enfoques pedagógicos diversos. Otra técnica centrada en el movimiento del palo durante el swing de golf. Las dos intentando integrar las leyes del aprendizaje motor en concreto para el swing de golf y sus particularidades.
Las dos han sido bien acogidas. La primera presentada en ICERI 2024 (International Conference in Education, Research and Innovation) y la segunda, la que nos ocupa, en ISEA Conference 2024 (International Sports Engineering Association Conference) y en WSCG (World Scientific Congress of Golf). ISEA es una asociación con revista y congreso científico de prestigio mientras que IJGS (International Journal of Golf Science) y WSCG, que van de la mano, han hecho muy bien en celebrar el congreso conjuntamente con ISEA este año 2024 por primera vez, lo que lo convierte en un evento de mayor calado y repercusión.
Con esta base, lo presentado en estos dos congresos, vamos a trabajar durante el próximo curso en artículos para revistas científicas como paso previo a la redacción final de la tesis.

Bueno, vamos a lo que nos ocupa. Que me aceptasen el abstract y la presentación oral en el WSCG24 fue un honor. Tener este tipo de reconocimientos en una fase inicial de la investigación nos dió mucha confianza.
El congreso mundial se celebra cada dos años y se va alternando entre Europa y Estados Unidos. Esta vez tocaba en Reino Unido, en la Universidad de Loughborough, universidad de muy alto nivel considerada una de las mejores del mundo para especialidades deportivas. Sus instalaciones y el campus son una maravilla. La verdad, aluciné bastante con el entorno, las salas, instalaciones deportivas, la atmósfera, el grupo humano de asistentes y organizadores, la planificación/organización del evento… todo fue bien y me sentí a gusto en todo momento tanto como de oyente como de ponente. Fué una experiencia muy enriquecedora a nivel personal y profesional.
Lo primero que me llamó la atención fué el planteamiento del congreso, con una idea más a lo amoricano en la que había stands comerciales de todo tipo de deporte en una sala común donde a menudo se juntaban todos los asistentes para hacer tertulia y compartir ideas. Para los norteamericanos parece que hay una conexión más directa entre lo comercial y lo científico. Esto tiene puntos fuertes como el de que la ciencia recibe más apoyos económicos y este tipo de eventos son más potentes y sostenibles pero, por otro lado, también es cierto que en algunos casos la ciencia queda, para mi gusto, demasiado sometida a objetivos comerciales y eso le resta calidad e independencia. Supongo que, como en todo, la excelencia se basa en encontrar un equilibrio.
Lo segundo que me llamó la atención, y también me provocó un poco de envidia (sana o no…), es lo integrado que está el golf en el entorno deportivo general en el mundo anglosajón. No hay apenas estigmas, es simplemente un deporte más, como cualquier otro, con sus características especiales, pero totalmente integrado. Ojalá con el tiempo y entre todos logremos en Cataluña (que es donde yo ejerzo) que el golf goce de la misma percepción por parte del entorno deportivo y social.

El contenido científicamente hablando fué bastante interesante. Como no, las nuevas tecnologías nos dan herramientas de análisis potentes y con eso se puede hacer investigación pertinente y significativa.
El putt ha tenido una evolución enorme en los últimos años con superficies indoor de alta calidad, plataformas que ofrecen la posibilidad de variar las inclinaciones y por supuesto sistemas que monitorizan lo que el palo y la bola hacen. Esto ha hecho proliferar los estudios sobre el putt. Muy interesante. Realmente el conocimiento sobre el putt ha evolucionado mucho en los últimos años y creo que el entorno indoor va a tener mucho peso en el aprendizaje en el futuro ya que el feedback que se proporciona a través de la tecnología es muy útil para el aprendizaje y las condiciones de juego son muy realistas.
También detecté muchos estudios relacionados con las plataformas de fuerza. Herramienta para medir las fuerzas que se producen en la interacción del jugador con el suelo. Me parecen una herramienta de análisis útil pero que desde el punto de vista científico aún no ha producido conocimientos sólidos. A parte de la correlación entre la potencia de salto vertical del jugador con la velocidad de la cabeza del palo, no se han sacado muchas más conclusiones. Creo que tanto en la biomecánica del movimiento (análisis en 3D) como en las plataformas de fuerza aún nos queda mucho camino por recorrer.
Mención aparte, por interés personal, tiene la metodología de aprendizaje. Desde el punto de vista científico no hubo nada que tuviera que ver con este tema, algo que me decepcionó. Sin embargo, hablando en las tertulias con otros asistentes, me alegró saber que había gente del entorno empresarial con proyectos entre manos que tenían que ver con metodologías diversas introduciendo la tecnología de análisis de formas muy distintas a las que estamos acostumbrados y contemplando entornos y métodos de aprendizaje muy diversos, como la combinación de formatos mixtos, presenciales y en línea.

Y todo eso no solo en golf, si no que en otros deportes también. Me alegró saber que no estoy sólo. Que aquello sobre lo que estoy investigando ya hay otra gente en I+D+I que lo quiere llevar al mercado. Son planteamientos que, no me cabe duda, van a tener un peso significativo en el futuro de la enseñanza del golf. Como en cualquier otro ámbito, las metodologías se adaptan a las necesidades de los practicantes y aprendices. Modas a parte, pienso que las metodologías de aprendizaje van a tener que cambiar para adaptarse a un entorno social y tecnológico cambiante como es el de la sociedad actual.
En cuanto a los ponentes, nombres reputados como Sasho Mackenzie, Paul Hurrion, Karl Steptoe, Ben Langdown, Tony Bennett o John McPhee. Pero me gustaría destacar iniciativas humildes como la de Andy Hoffer (Simon Fraser University en Canadá) sobre los temblores y los yips en el putt y en el chipp. Jeff Broker (University of Colorado en EEUU) con un estudio sobre la cinemática del swing en situaciones reales de juego. Y Sarah Martin (University of Exeter en Reino Unido) sobre el movimiento del cuerpo y la velocidad de swing en etapa senior.
En definitiva, un congreso científico mundial especializado en golf que crece y se consolida. Que debería servir para que la industria del golf crezca en calidad y cantidad a nivel global. Una industria de la que todos formamos parte y todos somos responsables. Un entorno científico en el que debería reinar un interés común. El de aportar conocimiento de forma abierta y que este sea un conocimiento que tenga impacto en la industria haciéndola evolucionar en el buen sentido. Queda mucho por hacer y por aprender pero estamos en ello todos juntos.
Antes de acabar, y como no puede ser de otra manera, debo agradecer a toda la gente de mi alrededor por su apoyo. A mi familia por soportar las dificultades asociadas a un miembro que estudia y trabaja a tiempo parcial a los cuarenta y seis años. A mis supervisores de tesis Anna Guerrero-Roldán y Xavier Baró de la Universitat Oberta de Catalunya por apoyarme y acompañarme en una iniciativa compleja y poco común en nuestro entorno social, y por su valentía de meterse y luchar conmigo en terreno desconocido. Y a Roger Sánchez, coautor del abstract presentado en WSCG24, por sus profundos conocimientos en matemáticas y su capacidad para hacer fácil lo difícil.
¡Salud y swing para todos!
Oriol Camacho Creus es jugador profesional de golf PGA, Técnico Deportivo II, ingeniero en Electrónica y máster en Educación y TIC.










