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‘Planteamientos coherentes’, por Alejandro Nagy

En algunos puntos de España demandan golf pero, ¿cómo plantear un nuevo proyecto?. Hace pocas semanas replicábamos en golfindustria.es una entrevista concedida al periódico ‘El Día’ por el Consejero de Turismo del Cabildo de La Palma, Raúl Camacho, ya que su titular “Nos faltan vuelos, un campo de golf y un par de hoteles” llamaba poderosamente la atención. Y acertamos, el enlace fue uno de los más visitados en la web durante varios días.

El Consejero indicaba, entre otras cuestiones, que es “sencillamente falso” que un equipamiento deportivo como un campo de golf sea “una instalación que destruya el territorio”, y aclaraba que “las normas de protección en La Palma son claras, amplias y nadie permitirá que se atente contra los espacios protegidos”. Una posición valiente teniendo en cuenta el conocido rechazo a los campos de golf que los grupos ecologistas se han preocupado en extender por toda la geografía nacional, algo que si bien no les ha faltado razón en algunos momentos (cierto, algunos resorts de golf españoles fueron únicamente pelotazos inmobiliarios sin más motivación que el trinque rápido) en ocasiones ha sido una vehemente protesta de escaso rigor científico o técnico.

Una zona de espectacular valor natural y ambiental como es La Palma, en donde la Caldera de Taburiente y sus actividades asociadas (senderismo, turismo rural, acampadas, astronomía amateur, etc.) prácticamente monopolizan la interesantísima oferta turística insular, la implantación de un campo de golf sostenible y coherente con la realidad actual sería más que viable. En la actualidad existen campos de golf de nueva construcción que no contemplan un desarrollo inmobiliario asociado sino que apuestan por la promoción del golf como deporte, apuntando tanto al mercado nacional como al extranjero. Si en España podemos jugar al golf todo el año, ¿por qué menos del 0´7 % de la población lo hace, mientras que en Suecia es más del 5´1 %?

La Galiana Golf, en Valencia, podría ser un ejemplo de este nuevo concepto. Un recorrido inaugurado en 2011 (18 hoyos, par 72), construido sobre una antigua plantación de naranjas ya abandonada y adaptado a la orografía local, ha permitido mejoras en la finca como eliminar un problema fitosanitario grave por la acumulación de restos vegetales, crear empleo directo en las instalaciones e indirecto en las cercanías o contribuir a la dinamización de la economía local. Y todo sin poner en peligro el entorno natural, es más, comprometiéndose a mantenerlo y mejorarlo en lo posible. Sus aptitudes actuales y su compromiso a futuro les han permitido obtener recientemente el Certificado GEO de sostenibilidad, una distinción que únicamente presentan otros tres clubs de golf en nuestro país, un aspecto que les diferencia a la vez que les exige resultados.

Cuando se habla de golf en nuestro país un altísimo porcentaje de la población visualiza estereotipos clásicos de sobra conocidos, el tipo de cliché que no beneficia a fomentar nuestro deporte, en lugar de imaginar proyectos adaptados a la realidad actual. Este tipo de instalaciones pueden significar un cambio radical en la percepción del golf en España, algo que beneficiaría a muchos profesionales de la industria. Quizá las declaraciones del Consejero sea el principio del camino que consiga un nuevo territorio golferizado, el tiempo lo dirá.

Alejandro Nagy es coordinador de cgolfsostenible y fundador de golfindustria.es.