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‘Por qué todos los campos, clubs y resorts de golf de España deberían formar parte de la Asociación Española de Campos de Golf’, por Alejandro Nagy

Empecé a escribir este artículo (lo prefiero a post, que suena a influencer de Instagram) en el aeropuerto de Málaga el pasado viernes tras dos intensas jornadas en Guadalmina… pero tuve que dejarlo porque se agolpaban las ideas, los flashes de lo vivido en apenas cuarenta y ocho horas. Había que tomarle el peso a aquello y una terminal rebosante de turistas de vuelta y de viajeros de paso quizá no era el mejor sitio para unas primeras reflexiones.

Ya en casa, una vez atendidos los correos atrasado y puesto al día con las publicaciones, es el momento de meternos en harina.

Aunque en anteriores ocasiones he desarrollado una (a veces, extensa) crónica de los eventos de las asociaciones profesionales de la industria patria del golf, en esta ocasión no voy a centrar el tiro en lo que sucedió durante el III Encuentro Empresarial de la Asociación Española de Campos de Golf sino que prefiero hacer una interpretación personal de lo vivido.

¿Que por qué creo que todos los campos, clubs y resorts de golf españoles deberían formar parte de la Asociación Española de Campos de Golf? Porque estar fuera es perder el tren, es un out of bounds en toda regla.

La AECG, como rezan sus estatutos, es una organización empresarial sin ánimo de lucro que se crea para defender los intereses del negocio de la industria del golf y que aglutina a un colectivo de casi doscientos campos de golf de todo el territorio español, una institución con vocación integradora en la que conviven todo tipo de campos, clubs y resorts de golf con independencia de su conformación jurídica y que tiene la intención de vertebrar el sector generando valor añadido a sus miembros.

Para entendernos, es la patronal del sector, la asociación de propietarios de las instalaciones deportivas donde los golfistas vamos a disfrutar y sufrir el que para muchos es el mejor juego del mundo. Sin ellos, sin su esfuerzo, su visión, su coraje, su ambición, sus sueños, sus gónadas a la hora de tomar decisiones, sus aciertos y errores, poco golf existiría en España.

Recordemos que, a principios de la década de los sesenta, en nuestro país se jugaba al golf en menos de veinte clubs, apenas veinte instalaciones creadas en los setenta y pico años posteriores a la llegada de la gutapercha a las islas Canarias en 1891. Después, desde los años setenta hasta la crisis de principio de milenio, unas trescientas cincuenta instalaciones más fueron construidas una vez que el golf dejó de ser un deporte social para convertirse en una actividad deportiva vinculada a dos de los principales sectores que nos han impulsado en el último medio siglo: turismo e inmobiliario. La apuesta empresarial del golf como negocio es lo que ha hecho de España el actual paraíso del golf europeo.
 

 
Los miembros de la AECG presentan perfiles muy diversos, desde presidentes de añejos clubs hasta emprendedores que se lanzan a la aventura comprando un campo de golf pasando por miembros de familias empresarias y representantes de grupos empresariales. En total, casi un par de cientos de instalaciones de golf tienen voz y voto en esta comunidad, y cada tipo de instalación presenta unas necesidades propias. No le duele lo mismo a un resort turístico de treinta y seis hoyos con vistas al Mediterráneo que a un club social de dieciocho hoyos situado en la planicie castellana.

Sin embargo, es mucho lo que une a los campos, clubs y resorts de golf españoles, principalmente los ‘enemigos’ comunes a todos ellos. Una fiscalidad exagerada, un IBI en ocasiones malicioso, unos códigos CNAE que dificultan la actividad, múltiples convenios colectivos, una compleja disponibilidad del agua de riego, una complicada gestión de ciertos productos de mantenimiento del césped, entre otros, son problemas que afectan a la gran mayoría de las instalaciones de golf, si no a todas, y por los que la AECG lleva discutiendo y ‘peleando’ con la Administración desde su fundación en 2015.

¿Qué campos, clubs y resorts de golf españoles se benefician, y beneficiarán en el futuro, de los éxitos de la Asociación Española de Campos de Golf? Todos, absolutamente todos. ¿Qué instalaciones participarán de las estrategias de la AECG para alcanzar estas victorias? Aquellas que formen parte de la organización. ¿A cuáles será difícil, o imposible, escuchar y tener en cuenta? A aquellas que decidan permanecer fuera de la AECG o que prefieran hacer la guerra por su cuenta.

‘Juntos podemos hacer más’ es el eslogan de la Asociación Española de Campos de Golf, cuatro acertadas palabras que resumen su motivación y, a tenor de lo observado la semana pasada en Marbella, reales como la vida misma. Los comentarios y chascarrillos de los asistentes al III Encuentro Empresarial AECG, así como las conversaciones más formales y densas, dejaban entrever a un cohesionado grupo de profesionales tan comprometidos con el momento actual como entusiasmados por el futuro del sector.

Este conjunto de dueños de campos de golf, propietarios de resorts de golf y presidentes de Juntas Directivas de clubs, responsables de un sector que genera más de ciento veinte mil empleos directos e indirectos, saben lo que hacen y hacen lo que saben: gestionar, liderar, dirigir y administrar unas complejas instalaciones deportivas que, entre otras cosas, atraen cada año a nuestro país a más de un millón de turistas y que son uno de los motores de la inversión residencial en España.

La Asociación Española de Campos de Golf representa con fuerza y tesón a sus asociados y, por ende, respalda a los máximos responsables de la industria del golf en nuestro país.

Personalmente, si tuviera mando en plaza en al menos nueve hoyos, formaría parte de la AECG sin dudarlo.
 

Alejandro Nagy es fundador de golfindustria.es.