Cuando uno se embarca en una gira profesional por campos de golf en España, lo hace con la ilusión de conocer nuevos diseños, comprobar de primera mano las soluciones aplicadas en distintas geografías y, sobre todo, dejarse sorprender por la manera en que cada instalación interpreta el juego y lo integra en su entorno.
En ese sentido, este recorrido de veinticuatro días entre España y Portugal ha sido mucho más que una sucesión de visitas: ha sido una masterclass en diversidad, planificación y evolución de la experiencia golfística moderna.
La primera parada en Los Ángeles de San Rafael supuso una inmersión inmediata en el potencial de una comunidad planificada con visión. A menos de una hora de Madrid y con el encanto de la provincia de Segovia como telón de fondo, Air Golf Club demuestra cómo una localización montañosa y agreste puede transformarse en un campo espectacular.
El trazado, obra de Marco Martín, cofundador de Stirling & Martin Golf Architects, aprovecha la topografía rocosa para crear una experiencia visualmente poderosa y estratégicamente interesante. Es un campo que no se entiende sin su entorno, algo que cada vez valoramos más quienes diseñamos o dirigimos campos de golf. Y si además uno comienza la jornada con un cochinillo en el casco antiguo de Segovia, el arranque del tour no puede ser más redondo.

Pocos días después, la visita a LaFinca Golf Los Lagos en Pozuelo de Alarcón confirmaba que la tendencia hacia clubs exclusivos e integrados en comunidades residenciales de alto nivel sigue en plena forma. El diseño, también firmado por Stirling & Martin, presenta un equilibrio excelente entre variedad y desafío, con una secuencia final —del hoyo quince al dieciocho— especialmente bien resuelta.
Más allá del recorrido, lo que realmente impresiona es el concepto global. Instalaciones de primer nivel, tecnología puntera como el sistema Trackman en la zona de prácticas, y una apuesta firme por el estilo de vida como eje del producto golfístico.
En ese sentido, el Grand Café y su oferta gastronómica elevan la experiencia del jugador a otro plano. No se trata solo de jugar bien, sino de disfrutar del entorno en el más amplio sentido.
Y para quienes tienen perfil internacional, los acuerdos con hoteles como Rosewood Villa Magna y Bless Madrid ayudan a completar una propuesta pensada hasta el último detalle.

Ya en el sur, el Real Club de Golf Las Brisas representa otro enfoque, más clásico si se quiere, pero no por ello menos eficaz. Con un legado histórico innegable y un rediseño acertado por parte de Kyle Phillips, este campo de la Costa del Sol sigue siendo referencia obligada.
El equilibrio entre tradición y modernización es delicado, pero Las Brisas lo maneja con solvencia: instalaciones renovadas, servicio impecable y un recorrido que sigue poniendo a prueba al jugador sin caer en la tentación de lo artificial.
Es un campo exigente, pero agradecido; y si uno termina la ronda con vistas al diez y al dieciocho desde el snack bar, la jornada se cierra con nota.

La última parada de este recorrido fue San Roque, un club que forma parte esencial del panorama golfístico español, combinando un excelente diseño de campo, un entorno privilegiado y una comunidad vibrante. Volver allí fue, en cierto modo, cerrar un círculo.
En 2020 tuve la ocasión de conocer la propiedad durante la remodelación del Old Course, acompañado por John Clarkin de Turfgrass, que lideraba un equipo de primer nivel, y recibido por Stephen Dundas con la hospitalidad que caracteriza al club. Incluso compartí aquella jornada con mi amigo Jean Van De Velde, lo que añadió un toque especial de amistad, conversación y buenos momentos.
Poder recorrer el campo en pleno proceso de transformación fue un privilegio que permitió apreciar de cerca las decisiones estratégicas y los retos que suponía dar nueva vida a un diseño tan consolidado.
Cinco años después, regresar y contemplar el resultado final fue tan conmovedor como gratificante. El Old Course luce impecable, realzando la belleza natural del entorno y ofreciendo una experiencia de golf tan exigente como atractiva. La combinación de sus treinta y seis hoyos, la calidad del servicio y la elegancia de la casa club confirman que San Roque mantiene intacta su condición de joya en la Costa del Sol.
El esfuerzo del personal y la dedicación del equipo de mantenimiento se perciben en cada detalle, desde la preparación de los greens hasta la atención al socio y visitante. Esa sensación de estar “como en casa”, rodeado de belleza y camaradería, es lo que convierte a San Roque en un club verdaderamente especial.

Lo que une a estos cuatro campos no es solo su calidad o su estética. Es la manera en que cada uno refleja un modelo de desarrollo distinto, desde la integración paisajística de Segovia hasta la exclusividad residencial de Madrid, la tradición internacional de Marbella o la renovación ejemplar de San Roque.
Para quienes gestionamos o asesoramos campos de golf, observar estos matices con atención es fundamental, porque anticipan decisiones que tarde o temprano deberemos afrontar en nuestros propios proyectos.
Viajar por los campos de golf de España no es solo un placer —que lo es, y mucho—, sino también una forma de mantenerse en contacto con lo que ocurre sobre el terreno.
Agradecido a quienes hacen posible estas visitas, y convencido de que aún queda mucho por aprender en cada green, en cada tee y en cada conversación al borde de un bunker, el balance de esta gira no puede ser más enriquecedor.
Agustín Pizá es fundador del estudio de arquitectura Pizá Golf.










