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‘Semana de Ryder Cup’, por Julián Romaguera

Semana de Ryder Cup y a mí, como a muchos amantes del golf, la vuelta de este gran acontecimiento deportivo me trae maravillosos recuerdos de la apasionante última jornada de la Ryder Cup 2012 en Medinah, donde el equipo capitaneado por José María Olazábal, y de alguna forma, también, por Seve Ballesteros, protagonizó aquella remontada ya histórica que provocó que los americanos lleguen a Escocia con aires de venganza. Una Escocia, por cierto, que habló claro en las urnas hace unos días: “un país unido es un país fuerte”. Algo más que apuntar entre las cosas que debemos aprender en España…

Desafortunadamente, la segunda Ryder Cup en España (después de la del Real Club Valderrama, en Cádiz, en 1997) tendrá que esperar por el momento de forma indefinida una vez conocida la selección de París como sede de la Ryder Cup 2018. Hay que decir además que, con los tiempos que corren, que los aproximadamente cuatrocientos diez mil jugadores federados franceses decidieran ceder tres euros al año de sus cuotas durante un decenio como explícito apoyo a convertirse en sede del acontecimiento es un detalle nada despreciable, sobre todo en una coyuntura económica de enorme incertidumbre y carencia entre los galos.

Desde mi puesto actual, intento imaginarme el enorme sentimiento de orgullo, ilusión y responsabilidad que debe embargar al director de un campo de golf designado como sede de una Ryder Cup. Sólo pensarlo me pone nervioso. Debe ser tremendo.

Sabido ya que España no acogerá la Ryder Cup en 2018, parece lógico que la industria del golf y el sector turístico español deben tener claro cuanto antes que tenemos que ser capaces durante los próximos años de promocionar nuestro golf más que nunca para que llegado el momento, todos los aficionados que visiten París con motivo de la Ryder Cup, consideren España, por su cercanía y su encanto, uno destino complementario en sus vacaciones, además de seguir alimentando el turismo de golf tan valorado en toda Europa.

La razón por la que pienso que esa Ryder Cup, si hacemos las cosas bien, también puede ser una buena oportunidad para España es lo ocurrido en 2010, cuando esta cita mítica del golf mundial se trasladó a Celtic Manor Resort (Newport, Gales), muy cerca de la frontera con Inglaterra. Durante más de cinco años el gobierno galés estuvo investigando y diseñando estrategias para impedir que mucha gente se hospedase en territorio inglés y prefiriera pasar su tiempo completo en Gales.

Seguro que algunos ya están pensando que la distancia no es la misma. Es cierto. Pero ello no resta valor, en absoluto, a los enormes atractivos que ofrece España, esta vez como complemento idóneo para quienes van a desplazarse a París.
 
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España, como destino turístico de categoría mundial, puede y tiene que ser una “opción obligada” para no pocos asistentes a la Ryder Cup, quienes en un número muy importante tienen previsto desplazarse una semana antes, e incluso prevén permanecer en Europa al menos una semana más después de celebrado el torneo.

Es ya el momento, cuanto antes mejor, de empezar a trabajar con seriedad en la creación de “paquetes turísticos” que permitan a España disfrutar también del “pastel” que es acoger una Ryder Cup.

La Ryder Cup 2010 tuvo en Gales un impacto económico Directo Total (impacto económico directo + impacto creado por proveedores que dan su servicio a la organización de la Ryder Cup + impacto sobre los habitantes locales que se han visto beneficiados por la compra de bienes locales por parte de la Ryder Cup) en de 82.4 millones de libras. En esta ocasión, como curiosidad, merece comentario que la organización no tuvo necesidad de subcontratar voluntarios para el evento, ya que más del 50 % de esos voluntarios acabaron siendo ingleses, mientras que un 40 % fueron galos.

Esta vez, los escoceses esperan que el impacto económico sea aún mayor que el registrado en los países que lo precedieron como sede Ryder. Aseguran que no han cesado ni un sólo minuto de trabajar en la preparación de este evento desde el mismo momento en que fueron designados para acogerlo, hace trece años. Y confían en sus posibilidades y el resultado de su esfuerzo.

Estamos, en definitiva, con la Ryder Cup, ante una oportunidad muy importante para Gales, tanto por lo que supone de promoción turística como por el reconocimiento internacional en el mundo del golf.

Es cierto que, en comparación con otros eventos deportivos de primer nivel, como podría ser un Campeonato del Mundo de Fútbol o unos Juegos Olímpicos, la Ryder Cup no mueve un contingente humano tan multitudinario, pero no cabe olvidar que el perfil del “turista de golf” es más que atractivo, tanto por su alto poder adquisitivo como por su fidelidad y su plena disposición a desplazarse para poder vivir in situ las evoluciones de sus ídolos en una cita deportiva tan especial.

Desgraciadamente, en mi caso, mucho me temo que me tocará disfrutar de la Ryder Cup frente al televisor, en casa, pero ello no supondrá una merma en la ilusión de poder volver a vivir la emoción de hace dos años, cuando Europa logró retener el preciado trofeo. Y, sobre todo, confiar en que España, como Francia, también sabrá aprovechar esta gran oportunidad.
 

Julián Romaguera es director del Club de Golf Los Naranjos (Marbella).