Uno de los grandes protagonistas de la temporada de golf en España ha estado relacionada con la promoción y la imagen que tanto necesitad los escenarios esenciales de nuestro deporte en el ámbito empresarial: los clubs y los campos de golf.
PlaySpain.Golf, una iniciativa de la Real Federación Española de Golf (RFEG) y de la Asociación Española de Campos de Golf (AECG), ha presentado por todo el país las conclusiones conjuntas de dos estudios importantes, el segundo estudio ‘Impacto Económico del golf’, desarrollado por IE University, y el informe ‘Campos de golf españoles y su relación con el agua’, elaborado por la Universidad de Cádiz.
En la misma jornada, la Asociación de Campos de la Costa Blanca y Valencia presentó su propio estudio del impacto económico del golf en la región.
La suma de datos de los tres estudios es apabullante pero, como explicaré en breve, las conclusiones no son las que necesitan los campos de golf para su desarrollo, para mejorar la satisfacción de sus clientes o sus expectativas de rentabilidad.

La posición dominante de España a la hora de atraer turistas con el fin prioritario de jugar al golf es una llamada de atención hacia la oportunidad de facilitar la construcción de campos. Ningún otro país es tan atractivo para el turismo de golf… ¡en el mundo!
Y debería ser atractiva su presencia también para nuestra industria turística, porque los golfistas que nos visitan contribuyen a un gasto de casi dieciséis mil millones de euros y sustentan más de ciento treinta mil empleos de alta estabilidad.
Además, el turista de golf tiene un nivel de renta más alto y tiende a permanecer en nuestro país un 58 % más de tiempo que el promedio de los turistas de todo tipo, con lo que generan un gasto mayor que contribuye a la buena marcha de nuestra economía.
A pesar de que el número de campos en España no llega a cuatrocientos, el impacto del golf en la economía es multimillonario, teniendo en cuenta los efectos indirectos e inducidos. Esto supone que, de cada diez euros que produce la actividad del golf, casi nueve euros benefician a otros sectores.

Este tipo de datos empezó a ganar realce cuando, a principios de este siglo XXI, se creó en los Estados Unidos la asociación ‘We Are Golf’ con el fin de dar la relevancia adecuada a la importancia de la actividad económica de la industria de los clubs de golf. Su principal motivación, como reconocía el entonces director ejecutivo de la Asociación Americana de Gerentes de Clubs, Jim Singerling, era dejar de estar a la defensiva frente a los ataques malintencionados que recibía el golf.
Como en muchos otros países -y en España no es distinto- el golf se ha vinculado a las clases económicas más pudientes, y se le ha considerado un generador de malas prácticas ambientales. Los argumentos para defenderse de esos ataques apenas tenían fuerza cuando el 90 % de la población norteamericana no jugaba al golf (en España la cifra es del 99,3 %).
Pero los argumentos positivos sobre el impacto en la economía sí afectan a todos y son más fáciles de entender. Ente ellos, hace ya casi veinte años, el dato de que que la actividad económica vinculada el golf en los Estados Unidos genera más ingresos que los cuatros grandes deportes de aquel país, es decir, el fútbol americano, el béisbol, el baloncesto y el hockey sobre hielo… ¡juntos!

Un factor muy importante para justificar la conclusión de We Are Golf era que, al contrario que los otros deportes, el golf tiene un atractivo especial para el sector inmobiliario: los jugadores de golf no dejan de practicar su deporte favorito cuando envejecen, que es cuando tienen recursos para comprarse una vivienda… cerca de un campo de golf.
En España no es distinto, según el informe de IE University, hasta el punto en que el 27 % de los turistas de golf que nos visitan se alojan en viviendas propias. Con ello no sólo contribuyen a fomentar empleos en el sector de la construcción. Además, será muy factible que en el futuro sigan viniendo a jugar allí donde tienen una segunda vivienda.
El contenido completo de los dos informes se puede ver en los siguientes enlaces: Impacto Económico y Relación con el agua.

Uno de los argumentos más agresivos en contra de los campos de golf ha sido siempre el del consumo de agua; un tema que en manos desinformadas o malintencionadas pueden llegar a hacernos creer que el diluvio universal se malgastó por culpa de los campos de golf.
El estudio de la Universidad de Cádiz vuelve a aportar luz sobre la realidad, empezando por destacar que el sector del golf lleva muchos años preocupándose por hacer un uso razonable y de acuerdo con las necesidades de sostenibilidad de una industria orientada a potenciar, al mismo tiempo, la belleza natural y el disfrute de los jugadores; y reconociendo que «esa preocupación no termina de calar en la sociedad», como explica el catedrático Juan Antonio López Ramírez.
«Hacía falta» -afirma- «que el sector se mostrara a la sociedad aportando información de calidad, obtenida y tratada de manera rigurosa».

Y rigurosos son datos como que:
- España es el país de la Unión Europea que más agua regenerada utiliza para regar sus campos de golf: el 59 % de los campos utiliza este recurso. En los Estados Unidos sólo el 21 %. En la España seca costera la cifra alcanza el 70 %. En Canarias la usa el 80 % de los campos – para la mitad de ellos es su única fuente de abastecimiento.
- El 92 % de los campos desarrollan prácticas encaminadas a reducir su consumo de agua, principalmente mediante la reducción de las extensiones regadas. La principal razón por la que algunos no utilizan agua regenerada es porque no tienen acceso a depuradoras o a desoladoras.
- El consumo de agua para el riego de los campos en las provincias del norte de España, donde tienen más pluviometría, es un 30% de la media de toda España. Los campos de golf no utilizan más agua que la que necesitan para la sostenibilidad de su actividad empresarial.
- Los campos de golf tienen además un interés incuestionable en reducir el consumo de agua, dados los costes de abastecimiento por parte de la Administración y el coste energético para bombearla a toda la extensión a regar. La importancia de la energía es tal -destaca el estudio- que el 41 % de los campos de golf en España posee algún sistema de producción de energía renovable.

Bienvenida sea toda esta información, en especial si consigue cambiar la percepción que la sociedad tiene del golf y que, nos guste o no, influye en las decisiones de las administraciones públicas que tanto afectan a la actividad económica.
Pero, ¿son éstos los datos que necesitan los campos de golf? Me temo que no.
Si mi campo está entre los que apenas atrae turistas, o entre los que consumen mucha agua reutilizada, ¿qué puedo hacer para mejorar mi gestión, la satisfacción de mis clientes, o los beneficios de los propietarios?

¿Quién recopila la información? ¿Cómo se comparte?
La respuesta está en otros datos. Está en conocer qué hacen otros campos y cuál es la posición del tuyo respecto a ellos. Gestionar es gestionar las matemáticas y sacar el mejor partido posible a los datos. Todos necesitaríamos reinventar la rueda si no supiéramos que se ha inventado ya y que está a nuestra disposición. Las empresas del sector de la automoción, de la alimentación, del textil o de la confección, conocen dónde está el punto medio de todas ellas en cuanto a su producción, a los salarios o a la productividad.
En el sector turístico el Instituto Nacional de Estadística recopila y publica todos los meses los datos sobre pernoctaciones, precios o personal empleado por tipo de alojamiento en cada comunidad autónoma. Sin esos datos, ¿cómo puede saber el gerente si está por debajo o por encima de la media en los KPIs en los que apoya sus decisiones y su gestión? ¿Cómo podría fijar objetivos si trabajase a oscuras?
Imaginad que cada mes recibís un informe con la media de ingresos y de rentabilidad de los clubs del mismo tipo que el vuestro (comercial / socios / mixto, nueve / dieciocho / o más hoyos…) relativo a la venta de greenfees, pro-shop, restaurante, driving range y alquileres. ¿No te pone nervioso pensarlo?
Y lo mejor: sería una información que beneficiaría a todos por igual; porque otra cosa será disponer de las herramientas, de los conocimientos o de los recursos para implementar estrategias nuevas, pero nadie podría decir que no cambió el rumbo porque no veía que se le venía un iceberg encima.

La decisión de recabar esos datos no depende de ninguna asociación, aunque podría parecer que la AECG se colgaría una medalla muy brillante si diera ese servicio a sus asociados. Depende de que los propietarios y los profesionales en la gestión de cada campos vean las ventajas inherentes a compartir sus datos. Probablemente a través de un medio objetivo a independiente de todos ellos. Sólo hace falta que cuatro campos de una misma región decidan hacerlo y que su ejemplo vaya animando a otros.
En los años noventa, los gerentes de los clubs de Madrid compartían cada año los precios en sus restaurantes del menú, del plato combinado, del vino de la casa, los refrescos y la cerveza. También hacían encuestas puntuales para saber qué gramaje y tamaño de toallas tenían en sus vestuarios, o qué precio cobran por el greenfee a los invitados de sus socios, o cuánto costaba una clase de golf de media hora.
No era una estrategia comercial porque la mayoría de los campos eran de socios y estaban cerrados a la venta de greenfees externos (no como hoy) pero ayudaban a sus juntas directivas a modificar precios, o no, en función de las quejas de los socios por lo que veían en sus visitas a otros clubs.

La motivación puede ser aún más diversa hoy porque una parte importante de la rentabilidad depende de un factor nuevo: la touroperación, con sus ventajas y sus inconvenientes. ¿Cómo afecta a otros clubs? ¿Qué evolución están teniendo os precios?¿Y los salarios? ¿Me arriesgo a que mis mejores empleados se marchen?¿Cuánto invierten los clubs en suministros para el mantenimiento?¿ Y en formación? ¿Qué objetivos debo fijar y qué debo hacer para conseguirlo? Club Benchmarking lo hace para los clubs americanos desde hace décadas y ha empezado a hacerlo para los europeos.
Mientras llega esa decisión, bienvenidos sean los esfuerzos de la RFEG y de la AECG, o de la Asociación de Campos de la Costa Blanca y Valencia, por divulgar el impacto positivo de la industria del golf en la sostenibilidad, en el turismo, el empleo o el crecimiento económico.
Pero los clubs necesitan otra información. Y pronto, porque la evolución comercial y tecnológica es muy rápida. ¡Quién nos iba a decidir que hay dudas sobre si la final del Mundial de fútbol 2030 se deba jugar en España o en Marruecos!
Las castañas se pueden quemar si esperamos a que sean otros quienes vengan a sacarlas del fuego.
Daniel Asís, CCM, es socio-director de Club Manager Education.










