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‘U.S. Open 2014: una imagen vale más que mil palabras’, por Alejandro Nagy

Confieso que anoche estuve más atento al continente que al contenido. Los mejores jugadores del planeta compitiendo, pegando golpazos y enchufando puros (y también alguna que otra escapada…), y yo atento al campo, a esa maravilla que es el “nuevo” viejo Pinehurst Nº 2. Veía un recorrido más propio de Ouimet que de Kaymer, un escenario de principios de siglo pasado con actores de hoy en día. Y, francamente, me ha encantado la combinación.

En varias ocasiones me había comentado Daniel Carretero (greenkeeper español con un amplio background norteamericano) el trabajo que estaban realizando en Pinehurst para preparar este torneo, unos cambios acerca de los que ya había leído algunos artículos y de los que había fotos del proceso. E incluso alguna imagen del resultado final. Pero lo que se vio ayer por televisión, y se verá toda la semana, supera con mucho a estos artículos técnicos y a las imágenes estáticas. Ver a gigantes consagrados como Ernie Els retirando una piña del suelo con su blaster para luego ejecutar un golpazo y dejarla a dos metros, o a recientes destacados como Victor Dubuisson lidiando con matojos que le llegaban más allá de la rodilla para tratar de llevar su bola a green, o a cualquiera de estos jugadorazos entrando en bunkers con bordes y taludes mordisqueados y salvajes, me dio una tremenda sensación de proximidad y empatía. Claro que siempre me he identificado más con The Open que con The Masters; personalmente, creo que no todos los campos deben ser verde esmeralda para ser atractivos.

El trabajo de naturalización llevado a cabo en Pinehurst Nº 2 ha dado como resultado una vuelta a los orígenes del golf, un retorno a épocas en las que los campos de golf se adaptaban al terreno existente y se buscaba optimizar la parcela disponible. La experiencia ha demostrado, y en España tenemos numerosos casos, que cuando se impone el recorrido al entorno (innecesarios movimientos de tierra, errónea elección de especies cespitosas, modificación de cursos de agua, hoyos trazados en base a la urbanización colindante, etc.) el fracaso del proyecto está más cerca que si se diseña, construye y mantiene en base a las indicaciones dadas por la madre naturaleza.

Esta filosofía de naturalización de los campos de golf, actualmente puntera en Estados Unidos y defendida en España por varios profesionales como Daniel Carretero, se apoya en las tres patas del concepto “sostenibilidad”: la ambiental como eje fundamental (menores consumos de agua, energía, fertilizantes, etc., empleo de especies vegetales locales con la consecuente recuperación de comunidades animales, recuperación paisajística de la zona, etc.) además de la económica (demanda menores gastos en materiales, lo que repercute en la cuenta de resultados del club) y de la social (recuperación de ecosistemas, interconectividad de áreas naturales, etc.). Poco a poco son cada vez más profesionales de la industria del golf los que apoyan esta filosofía y, aunque queda mucho por andar, los primeros pasos ya están dados.

Pero hay una barrera un poco más complicada de derribar y quizá este Major (sí, un Major, esa es la clave) ayude a conseguirlo. Si las imágenes de estos días sirven para hacer pensar a más de un golfista amateur que un campo de golf no debería tener al Augusta National como objetivo a cumplir obligatoriamente, si un campo que algunos llamarían “feo” o “corto” (Pinehurst Nº 2 es un par 70) puede ser visto como una joya en la que disfrutar 18 hoyos, si la presencia continua de la naturaleza en el recorrido es percibida como algo disfrutable y no insufrible, entonces se habrán dado aún más pasos, y más importantes.

En muchas ocasiones el jugador amateur es quien tiene la última palabra y quien “decide” hacia dónde se debería dirigir la industria del golf. Porque al final se trata de que el jugador de golf disfrute el campo y se sienta cómodo en él. Y para ello nada mejor que verlo y después experimentarlo porque, por mucho que te lo cuenten, una imagen vale más que mil palabras.
 

Alejandro Nagy es coordinador de cgolfsostenible y fundador de golfindustria.es.
 

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Imagen enviada por Daniel Carretero desde Pinehurst Nº 2