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‘Una apetecible escapada para jugar al golf en Gran Canaria’, por Bruce Graham

Una alerta del despertador a las 5:30 de la madrugada rara vez se recibe con deleite, pero siendo para iniciar una escapada a finales de abril a Gran Canaria huyendo del tiempo gris y húmedo del Reino Unido no podría llegar lo suficientemente pronto. Tras desembarcar en la hermosa isla atlántica, recogimos nuestras bolsas de palos y nos montamos en el coche de alquiler. ¡Estábamos completamente despiertos y listos para experimentar el golf que nos ofrecía!

Nuestra primera parada en la gira fue Meloneras Golf, un diseño de Ron Kirby en el extremo sur de la isla. Al llegar disfrutamos de la más amable bienvenida del personal que podrías imaginar. Nada era un problema, incluso el hecho de que habíamos llegado un día más tarde que nuestra reserva original… ¡Uy!

El equipo acopló nuestras bolsas de golf a los buggies y revisó cuidadosamente el funcionamiento de su sistema de GPS. ¿Qué más podríamos necesitar? Bueno, ¿qué tal un bocado para comer y café con vistas a las impresionantes vistas al mar? ¡Se estaba perfilando un gran día y aún no habíamos dado el primer golpe!

Cameron Procter, director de golf de Meloneras Golf, salió a saludarnos y explicarnos un poco sobre el campo. Inaugurado en 2006, el campo se extiende a lo largo de la costa rocosa con largas vistas de las montañas volcánicas en el centro de la isla. Un diseño estratégico al que jugadores de golf de todos los niveles se pueden enfrentar. Nos cautivó especialmente el uso de greens contorneados con inteligencia, mantenidos para ser rápidos y justos, condiciones a las que nos acostumbraríamos en nuestra visita a la isla.

Ya completamente impresionados después de nuestros primeros nueve hoyos, encontramos que los últimos nueve hoyos, particularmente el tramo del doce a catorce justo al borde de la costa, son bastante impresionantes. El duro tramo de finalización comenzó con el dieciséis, un par cuatro donde la colocación inteligente desde el tee era crucial, después un par cuatro largo y un par cinco final que exigían una concentración total hasta el último green.

Retirándonos a nuestro hotel, recordamos el fantástico primer día de golf… no por el resultado de la tarjeta sino por una gran experiencia que marcó un alto nivel para nuestros siguientes dos días.


 
El segundo día viajamos por la costa un poco más al oeste de la isla hasta el espectacular campo de golf Anfi Tauro, recorrido tallado en las montañas por el equipo de diseño de von Hagge, Smelek y Baril.

Después de otra cálida bienvenida y desayuno en el club, iniciamos una experiencia única de golf. Es un campo que desafía la calificación, cincelado en las paredes rocosas con las aguas relucientes del Océano Atlántico como telón de fondo. Arrancando la jornada con birdie, par, par, comencé a pensar que nuestro starter había exagerado su descripción del campo como “muy desafiante”… pero no tardé en darme cuenta de que estaba en lo correcto.

En el centro de la propiedad se encuentra un enorme lago envuelto por los hoyos nueve y dieciocho que concluyen en un doble green frente al hotel y la casa club. Pero hubo muchos otros aspectos destacados en este campo, clasificados por algunos como los mejores de la isla. Las vistas desde el tee del hoyo tres, ubicado en lo alto de la ladera de la montaña, son fascinantes. Pero el campo ofrece más que buenas vistas. Sus bunkers, de formas más irregulares en comparación con las suaves curvas de Meloneras Golf, proporciona una gran definición de los hoyos y dictan la estrategia del juego.


 
Para nuestro último día nos despertamos un poco antes para viajar al norte de la isla, al Real Club de Golf de Las Palmas. Reconocido como el club más antiguo de España y establecido por primera vez en 1891, el actual campo fue diseñado por Phillip Mackenzie Ross en la década de 1950 y tiene una sensación más tradicional, casi británica.

La temperatura en esta zona interior era notablemente inferior a la de los campos de los dos días anteriores, pero una vez que tomamos café y algunas deliciosas pastas, las nubes se aclararon y el sol una vez más bañó nuestra jornada, revelando gloriosas vistas del paisaje de los alrededores.

El campo rezuma historia por los cuatro costados y es mantenido con una alta calidad por un equipo de mantenimiento coordinado por el head greenkeeper Daniel Carretero, cuya experiencia incluye una etapa en Augusta National.

Como explica Alejandro Nagy, director de golfindustria y socio del Real Club de Golf de Las Palmas, en su apunte sobre el campo publicado en la revista Golf Course Architecture en el año del 125º aniversario del club, el campo de Bandama se construyó sin modificar el terreno natural. No hay elementos de agua pero la zona, expuesta significamente a un viento que siempre está presente, presenta un terreno ondulado y unos greens levantados que proporcionan las principales defensas del recorrido.

Seve Ballesteros describió el hoyo diez, un par tres, como “El par cuatro más corto que he jugado nunca”. El conjunto de pares tres del campo está bien equilibrado, quizás siendo el hoyo tres, corto pero cuesta arriba, el mejor de todos.

El Real Club de Golf de Las Palmas fue el campo ideal para finalizar nuestra aventura en Gran Canaria, ¡una transición perfecta al golf en el Reino Unido!
 

Bruce Graham es diseñador gráfico de la revista Golf Course Architecture.