El pasado sábado 8 de agosto, en torno a las cuatro de la tarde, un vehículo de combustión estacionado junto a la carretera nacional A-6 en sentido La Coruña, en el término municipal de Navas de San Antonio, provincia de Segovia, comenzó a arder.
De inmediato, los bomberos se desplazaron a proteger una estación de servicio próxima. Las altas temperaturas y el cambio de dirección del viento provoco la rápida expansión del incendio en dirección norte subiendo en cuestión de minutos hasta el monte próximo del Caloco.
Rápidamente se activaron los medios aéreos contraincendios desplazando cuatro helicópteros que centraron la fuente de captación de aguas para la lucha contra el fuego en los embalses del campo de golf Air Golf Club, en Los Ángeles de San Rafael.
Durante más de cinco horas y hasta el atardecer, los helicópteros, los medios terrestres y numerosos voluntarios de los municipios próximos contuvieron el avance del incendio.

Al día siguiente, domingo, el fuego estaba aparentemente controlado, y en Air Golf Club, se jugaba al golf con normalidad disfrutando de la inusual escena de los helicópteros descendiendo para tomar agua en los lagos y refrescar las zonas quemadas la tarde y noche anterior.
«Todo pasó de repente. Estaban saliendo los últimos jugadores de la tarde, de repente comienza a oler a quemado y un fuerte viento arrastra nubes cada vez más densa de humo», comenta Antonio San Román, director de Air Golf Club.
El incendio del día anterior, que parecía totalmente controlado, se reactivó y en menos de dos horas, acelerado por los intensos vientos, las llamas habían subido y bajado dos montañas y, tras recorrer cuatro kilómetros, estaba ya en las laderas que caen sobre los hoyos 13 y 14.
El personal del club comenzó a recorrer los hoyos para evacuar a los golfistas. Francisco Valverde, responsable de mantenimiento, se desplazó desde su vivienda para activar el riego manual a los hoyos donde con riesgo pudo acceder. Alex, master caddy, corría a avisar de nuevo (lo había hecho también el día anterior) a los invitados a la boda que se celebraba en los salones del campo de golf.
Parecía imposible detener el frente de humo y fuego. Los bomberos llegaban al puente que conecta los hoyos 10 y 11. Las patrullas forestales se desplazaban por las pendientes laderas de rocas y encinas para intentar que el fuego no avanzara.

Hasta ocho helicópteros perfectamente coordinados continuaban descendiendo a los lagos del campo de golf, en los hoyos de la primera vuelta para que en menos de tres minutos lanzar sus cargas sobre el fuerte incendio que ya había arrasado toda la montaña, y había saltado a los hoyos 13, 14, 15, 16 y 17.
Era indescriptible la sensación de impotencia estar en el green del hoyo 10, viendo como todo el entorno natural del campo de golf ardía de forma incontrolable.
Es también en estos momentos, cuando estás junto a los bomberos y las cuadrillas forestales, cuando reflexionas del riesgo y valor de estos profesionales quienes, embutidos en pesados trajes y cascos, con una temperatura ambiente de casi cuarenta grados, están literalmente encima del fuego peleando contra él.
El fuego se prolongó y a las diez de la noche, acompañando a un retén de incendios, accedimos al hoyo 12, Fortaleza castellana, con un green esculpido en roca a dieciocho metros sobre el fairway. Era impresionante ver el green enmarcado entre llamas a ambos lados.

El fuego pareció extinguido el lunes. Los hoyos de golf siguen ahí, verdes, casi intactos pero enmarcados por un paisaje de humo y cenizas.
Los daños en las infraestructuras son cuantiosos (vallado arrasado, comunicaciones y sistema de control de riego muy dañado, lámina de lagos quemada) pero admiramos como el golf ha sido el coloso que, sufriendo, ha contenido y ralentizado el avance del fuego hasta las viviendas de Los Ángeles de San Rafael.
Gracias a la anchura verde de las calles y rough, y al gran trabajo de desbroce realizado por el equipo de mantenimiento del campo, el fuego no llegó a las viviendas.
Gracias al agua almacenada en los lagos del campo, hasta ocho helicópteros cada cuatro minutos durante cuatro días, han conseguido aplacar el pavoroso incendio.

Al final, tan dantesca experiencia ha servido para comprobar, una vez más, la utilidad social de los campos de golf. Primero, por su efecto cortafuegos y, después y más importante, como auténticos almacenes de agua para la lucha contra incendios en un radio de decenas de kilómetros.
Ahora la opinión pública es la que tiene que reconocer la labor protectora de los tan cuestionados campos de golf así como la función de reserva de agua para la lucha directa contra los incendios en todo nuestro país.
El drama de un incendio nos hace descubrir aspectos y valores humanos en la gente que te rodea, en mi caso el grupo de trabajo formado por Antonio San Román, Ángel Serrano, Paco Valverde, Marce, los caddy masters y el resto del equipo quienes, queriendo acceder al campo aunque no se les permitiera, a todos, gracias, y también a nuestros socios y golfistas por todo el apoyo y muestras de cariño que nos siguen llegando.
Marco Martín es cofundador de Stirling & Martin Golf Architect y diseñador del campo de golf Air Golf Club.









