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‘Objetivos y resultados, jugadores y federados’, por Alejandro Nagy

Hace unas semanas tuve la fortuna de compartir mesa y mantel con uno de los profesionales de golf con más presencia mediática del país, buen conocedor de los entresijos tanto del deporte profesional como del amateur. Durante un par de horas intercambiamos opiniones sobre la industria del golf nacional, algunas coincidentes, otras no, pero partiendo de la base de que la situación actual demanda un giro de al menos 90º para sobrevivir. De entre la multitud de comentarios que se produjeron destacaría uno que podría transcribir más o menos así: “… históricamente se ha cometido un error en cuanto a la estrategia de captación de golfistas en este país, se ha buscado el resultado en lugar de concentrarse en el objetivo. Es como cuando preparas un golpe de chip, no te concentras en la bandera sino en el punto en que quieres que bote la bola. Ya llegará rodando. Con los golfistas es igual, hay que fomentar el juego, crear jugadores, crear afición por el deporte, no únicamente generar federados”.

Pocas veces he escuchado un análisis tan sucinto y certero de la situación actual, y con el que estoy completamente de acuerdo. En este país la promoción del deporte del golf es casi inexistente. Sí, de acuerdo, se realizan campañas y acciones institucionales puntuales, pero eso no es promocionar el golf. Promocionar un deporte es darle visibilidad, eliminar tópicos, facilitarlo, adaptarlo a la situación actual, ponerlo disposición de quien no lo conoce. Es eliminar barreras de entrada, tanto físicas como psicológicas. Es relajar un poco las normas de etiqueta para que un no golfista no se sienta incómodo yendo a dar unas bolas por primera vez en camiseta. Es establecer la entrada libre y gratuita a todo aquel que quiera asistir a un torneo profesional (sea el torneo que sea) o a una feria amateur. Es fomentarlo en la televisión pública cada semana (no únicamente cuando un pro hace un hoyo en uno) y participar activamente en el canal temático. Es hacer ver a la sociedad que no es la aberración anti-naturaleza que muchos grupos ecologistas promueven, sino en ocasiones todo lo contrario. Es reconocerle públicamente la categoría de deporte olímpico y darle la importancia que merece. Es organizar jornadas de puertas abiertas en clubes y campos, en la medida que cada uno pueda. Es conseguir que los chavales hablen de algo más que de fútbol, motos o coches, y que reconozcan a Txema, Sergio, Miguel Ángel, Azahara o Carlota del mismo modo que a Nadal, Alonso o Casillas. Y, sobre todo, es hacer que un golfista se sienta la persona más normal del mundo en un entorno no golfista, es decir, entre el 99´4% de la población española.

¿Es posible conseguir esto? Creo que sí, con tiempo y dedicación, con efectiva organización, comprometidos profesionales (que ya existen, y no pocos) y apolíticos dirigentes. Con ideas claras, sencillas, efectivas, no condicionadas externa ni internamente. Cambiando el blazer por el mono de trabajo. Asomándose a la inmensa ventana de España, observándola, escuchándola y entendiéndola. Haciendo que las más de cuatrocientas instalaciones de golf patrias estén a rebosar de jugadores y aficionados, que queden los fines de semana para ir a dar bolas y tomarse una caña como algo habitual. Consiguiendo que llevar una bolsa de palos por la calle sea como llevar una raqueta de tenis, una tabla de surf o una pala de pádel. Dando la oportunidad de que la frase “¿Soy español, a qué quieres que te gane?” incluya al golf.
 

Alejandro Nagy es coordinador de cgolfsostenible y fundador de golfindustria.es.